Entre el talento y la estructura: el reto pendiente en la formación del futbol mexicano

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Por Paola Guzmán Camacho MEX

Cada fin de semana, miles de niños en canchas improvisadas de todo el país visten orgullosos la camiseta de su ídolo. Algunos entrenan en academias formales; otros, en terrenos baldíos donde los conos son botellas y las porterías, mochilas. Todos comparten el mismo sueño: llegar al futbol profesional. Pero entre el talento y la estructura hay una distancia que México aún no logra cerrar.

México es un país donde más de 1.8 millones de niñas y niños participan en programas escolares de futbol, de acuerdo con datos de la Federación Mexicana de Futbol (FMF). Tan solo el Torneo Nacional Escolar 2025 involucra a más de 6,000 escuelas y 7,200 docentes capacitados. La pasión existe. Lo que falta es una estructura que acompañe esa formación más allá de los torneos y los sueños.

La pregunta es inevitable: ¿realmente en México existe un sistema que dé soporte a esos millones de niños que desean formarse en este deporte y llegar al profesionalismo? La respuesta no es obvia… pero tampoco alentadora.

Si bien existen esfuerzos por formar entrenadores —ya sea desde la Federación Mexicana de Futbol, la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos (ENED) o las capacitaciones del sector amateur—, lo cierto es que, a pesar de ser un país tan futbolero, no contamos con una estructura sólida que respalde la enorme necesidad de formación que existe.

Tomemos como primer referente al recién nombrado Sistema Nacional de Formación de la FMF (antes Sistema Nacional de Capacitación), que tuve el privilegio de conocer muy de cerca. En septiembre, la Federación anunció su rediseño para la formación de entrenadores, alineado con la creación de licencias que abarcan desde quienes trabajan con niños hasta quienes pretenden dirigir en el futbol profesional.

Como idea, es grandiosa. Se trata de un esfuerzo que la Concacaf, tomando como modelo a la UEFA, viene impulsando desde hace más de una década. Es digno de celebrarse, porque la formación suele ser lo menos prioritario para muchos países —y quiero pensar que esto se debe más a una falta de conocimiento profundo y sensibilidad que a desinterés—. La mayoría se enfoca en la competencia o en otros objetivos, pero esa es otra historia.

Volviendo al nuevo modelo de formación, éste plantea licencias de la D a la A Pro, con prácticas intermedias y un nuevo balance de horas: menos teoría, más práctica. Además, se elimina el requisito académico y la edad mínima para ingresar, con el fin de “democratizar” el acceso.

En lo personal, celebro el esfuerzo y la intención. Pero es inevitable hacer algunas preguntas:

  • ¿De verdad una persona puede obtener los conocimientos necesarios para entrenar niños en cuatro meses, considerando que esa es la etapa más importante del desarrollo motriz, emocional, cognitivo y en hábitos y valores?
  • ¿Realmente alguien que no haya concluido su educación media superior tiene la madurez para hacerse cargo de un grupo infantil? Habrá excepciones, sin duda, pero no estoy segura de que la educación actual en México fomente de manera general estas capacidades.
  • Y más aún: ¿puede México adoptar un sistema de licencias similar al de países donde existe una estructura sólida de formación deportiva inicial? En el papel suena ideal; en la práctica, la realidad supera por mucho al deber ser.

El contexto refuerza la duda: México tiene más de tres millones de futbolistas registrados en el sector amateur, pero menos del 0.5 % logra llegar al profesionalismo. Y aunque existen licencias oficiales, solo uno de cada diez entrenadores en categorías infantiles está certificado. En contraste, países europeos como España o Alemania certifican entre 60 % y 80 % de sus entrenadores base. 

En nuestro país, el enfoque en el entrenamiento de deportistas —sin importar la edad— sigue centrado en ganar partidos y trofeos. El problema de fondo es que el sistema deportivo mexicano está desarticulado, lo que impide dar seguimiento sistemático a la formación de los niños, estandarizar procesos y definir criterios nacionales de desarrollo deportivo. Y, claro, el origen del problema está también en la falta de preparación integral del personal que los guía.

La intención no es criticar, porque de eso ya hay mucho, sino generar conciencia sobre la urgencia de hablar de este tema. No se trata solo de los especialistas: es una tarea colectiva. Requiere sumar esfuerzos aislados y construir un censo o sistema de seguimiento de la formación deportiva en México. Es necesario incentivar recursos e ingresos que permitan dar relevancia a este tema, porque si el deporte no es el vehículo primordial para transmitir disciplina, valores y filosofía de vida, ¿entonces qué nos queda para las nuevas generaciones?

Podemos y debemos aportar desde la trinchera en la que estemos, fomentando o al menos comprendiendo que ser deportista —en este caso, futbolista— no se reduce a dominar una técnica. El desafío está en el verdadero sentido de la formación. Porque, al final, lo que está en juego no es solo el talento deportivo, sino la posibilidad de formar mejores estudiantes, mejores ciudadanos y, sobre todo, mejores personas.
Y eso, sin duda, está en la cancha de todos nosotros.

Paola Guzmán Camacho

Apasionada del futbol y de la gestión deportiva, Paola combina una sólida formación académica en Administración, Alta Dirección y Neuromarketing con más de dos décadas de experiencia en el ámbito educativo y deportivo. Es especialista en gestión deportiva con más de 20 años de experiencia en educación y futbol profesional. Fue Gerente General del Sistema Nacional de Capacitación de la Federación Mexicana de Futbol, donde impulsó procesos de formación de entrenadores y proyectos innovadores como el curso en línea para directores técnicos. Ha ocupado puestos directivos en fundaciones y equipos de la Liga Premier, combinando operaciones, planeación y relaciones públicas. Actualmente estudia una Maestría en Neuromarketing y escribe sobre futbol con una visión que mezcla estrategia, gestión y pasión por el deporte.

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