Un maestro que entendía el corazón de sus estudiantes
Por Mgtr. Haydeé San Lucas
Hoy comparto un homenaje al profesor Félix Jacinto García Córdova, un hombre sabio, amable y de entrega genuina. Tuve el honor de ser su secretaria en clases, de observar su trabajo, de aprender con él y de vivir cómo hacía que cada estudiante se sintiera visto, valorado y acompañado.
El profesor García no solo enseñaba inglés: buscaba caminos para que aunque no domináramos su materia, nosotros saliéramos adelante. Recuerdo que a mí siempre me decía: “Mi coreógrafa de Broadway”, y en otros momentos (cuando conversábamos y yo argumentaba sobre alguna cuestión decía: “Usted es más recta que una regla”. Yo respondía con humor: “Profe, no lo soy, quisiera, pero no es así… simplemente soy una vara torcida con la que Dios escribe perfecto”). Era su forma de hacerme reflexionar, de fortalecer mi voz y mi valor.
Más allá de la lección: el reconocimiento de fortalezas
Él identificaba nuestras fortalezas, gustos y atributos. Nunca hacía quedar mal a nadie. Cuando nos pidió hacer un proyecto artístico de fin de semestre (cantar o bailar en inglés, representar un artista) él quería ver la creatividad, la implicación, la expresión. En mi caso elegí Madagascar junto con varios compañeros que se unieron para formar el elenco, nos aprendimos los diálogos en inglés, creamos los disfraces y generamos una coreografía, él fue testigo de nuestro esfuerzo y transformación, estaba tan orgulloso de nosotros que me solicitó de manera especial que repitiéramos la presentación, pero esta vez debía guiar a compañeros de otra promoción y con mucho gusto se realizó y se mejoró, él estaba muy contento por la realización.

Nos hablaba su vida personal, se abría con nosotros: le gustaba cocinar, hacer parrilladas, hablarnos de su familia, de cómo llegó a ser maestro, de los retos que enfrentó cuando su libertad de pensamiento le trajo dificultades en la facultad. Pero salió adelante. Y eso era parte de la lección: la dignidad, la perseverancia, la coherencia.
Su legado en el aula y en la vida
El maestro Félix García nos enseñó que la educación no es solo transmitir conocimientos, sino acompañar vidas. Su lema silencioso era: cada estudiante importa, cada voz merece ser escuchada, cada error es un paso hacia el crecimiento. Estas ideas tienen un valor incalculable en el ámbito de la educación, la educación física, el deporte y la recreación: porque para transformar vidas se necesita algo más que técnica, se necesita humanidad.
En mi rol de docente, retomo su legado: ver al estudiante, alentarlo, adaptarme a sus necesidades, reconocer su valor, incluso cuando falla una técnica o no logra el resultado esperado. Porque él me enseñó que detrás de cada fallo hay un potencial que merece florecer.
Honrarlo implica continuar su misión
Este homenaje no es solo un recuerdo: es una promesa. Prometo que cada clase que imparta, cada taller que realice, cada conferencia que brinde llevará el espíritu suyo: el de buscar lo mejor del otro, el de considerar el movimiento como aprendizaje, el de reconocer que somos cuerpos, mentes y, sobre todo, seres que se relacionan.
Profe García, gracias por darnos alas para volar. Gracias por ver en nosotros más de lo que nosotros creíamos ser. Gracias por enseñarnos a educar con corazón. Su huella permanece en quienes tuvimos el privilegio de aprender a su lado. Que su luz siga guiando nuestras aulas.
Haydée San Lucas P. ECU

Magíster en Educación y docente ecuatoriana de Educación Física con amplia trayectoria en el ámbito escolar. Apasionada por el movimiento, la recreación y la formación integral, impulsa desde su práctica docente espacios donde el deporte es una herramienta de inclusión, autoestima y crecimiento. Como columnista en El Deporte No Descansa, comparte su visión pedagógica y su compromiso por ampliar las oportunidades deportivas y de actividad física para niñas, niños y jóvenes del Ecuador, convencida de que educar con el cuerpo también transforma el alma.
