Por Héctor Jesús Pérez Hernández MEX
El inicio del ciclo escolar 2025-2026 en la educación básica no es un simple retorno a la rutina escolar; es, más bien, un escenario de oportunidad y responsabilidad para quienes ejercemos la docencia en educación física. En el marco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), nuestro quehacer profesional demanda no solo saberes técnicos y pedagógicas, sino también una profunda conciencia social y ética. La educación física, en este contexto, no se limita a desarrollar habilidades motrices: se erige como un espacio para construir ciudadanía, fomentar la salud integral, promover la inclusión y desarrollar el pensamiento crítico desde el movimiento.
En este regreso a clases, debemos reconocer que las condiciones postvacacionales implican una diversidad de realidades en el estudiantado: desigualdades en el acceso a actividades físicas durante el receso, variaciones en el estado de salud y capacidades motrices, así como entornos socioemocionales heterogéneos. Desde la NEM, se nos exige una intervención que parta de diagnósticos claros, estrategias contextualizadas y metodologías activas que integren la motricidad con otras dimensiones formativas, ello implica, necesariamente, transitar de una práctica centrada en la repetición mecánica a una pedagogía del movimiento con sentido crítico, inclusivo y culturalmente pertinente.
El compromiso docente, en este arranque de ciclo, trasciende la planeación y ejecución de clases, supone asumirnos como agentes de cambio, capaces de vincular nuestra asignatura con los ejes articuladores de la NEM: inclusión, interculturalidad, vida saludable, pensamiento crítico, igualdad de género y cultura de paz. Desde esta óptica, el derecho a ejercer nuestra profesión se complementa con la obligación de hacerlo con la más alta calidad ética, fundamentando cada decisión pedagógica en principios científicos, humanistas y de justicia social.
Sin embargo, este compromiso no debe confundirse con la renuncia a nuestros derechos laborales, la dignificación del trabajo docente en educación física pasa por exigir condiciones adecuadas: carga horaria justa, acceso a recursos e infraestructura, formación continua pertinente y participación en la toma de decisiones escolares, la NEM no puede implementarse sobre la base de la precarización del profesorado; requiere, por el contrario, un cuerpo docente respetado, respaldado y reconocido por su papel estratégico en la formación integral.
Asumir el ciclo escolar 2025-2026, entonces, implica un equilibrio: por un lado, la firme convicción de innovar, cuestionar y transformar nuestra práctica en coherencia con los principios de la NEM; por otro, la defensa activa de nuestro lugar como profesionales de la educación física, conscientes de que sin condiciones dignas, ningún modelo educativo puede materializar sus objetivos, es un año para fortalecer redes de colaboración entre colegas, para documentar nuestras experiencias y evidenciar el impacto social de nuestra labor, y para seguir posicionando a la educación física no como un complemento, sino como un pilar fundamental en la educación obligatoria.
En última instancia, el reto que tenemos frente a nosotros no es menor: reconfigurar la percepción social de nuestra asignatura, formar generaciones capaces de vivir y convivir mejor a través del movimiento, y hacerlo desde una postura crítica, ética y transformadora, el regreso a clases es el punto de partida; la verdadera meta es que, al cierre del ciclo, podamos decir que nuestras acciones, dentro y fuera de la cancha, fueron coherentes con los principios de la Nueva Escuela Mexicana y con la dignidad de nuestra profesión.

Héctor Jesús Pérez Hernández
Licenciado en Educación Física, con maestría en Desarrollo de la Motricidad Infantil y candidato a Doctor en Investigación Educativa. Es catedrático de la BENV, miembro de diversas redes de investigación, ha recibido premios por su labor, ha publicado en revistas indexadas y es autor de proyectos educativos destacados.
