Por Dr. Domingo Blázquez Sánchez
dblazquez29@gmail.com
Resumen
La transición educativa hacia un enfoque por competencias ha generado un debate crucial en el ámbito de la Educación Física. La pregunta que surge es si las metodologías tradicionales de evaluación, centradas en habilidades técnicas o rendimiento físico, siguen siendo válidas. Este artículo explora la diferencia fundamental entre la evaluación tradicional y la evaluación por competencias, argumentando que este nuevo enfoque no sustituye al anterior, sino que lo complementa para ofrecer una visión más completa del desarrollo del alumnado. El objetivo es orientar a docentes, padres, madres y entrenadores hacia un modelo de evaluación que priorice el desarrollo integral y no solo el resultado final, valorando el desempeño, las conductas y la aplicación práctica del conocimiento.
Palabras clave
Evaluación por competencias, Educación Física, evaluación del desempeño, evaluación auténtica, evaluación formativa, desarrollo integral, habilidades motrices.
Introducción
En los últimos años, el sistema educativo ha virado su rumbo hacia un modelo centrado en el desarrollo de competencias, entendidas como la capacidad de movilizar conocimientos, habilidades y actitudes para resolver problemas en contextos reales. Esta transformación, sin embargo, ha generado una gran incertidumbre en muchas áreas, y la Educación Física no es una excepción.
Muchos profesionales se preguntan, ¿las competencias requieren una forma de evaluación distinta a la habitual? Y si es así, ¿ya no podemos evaluar, por ejemplo, las habilidades técnicas o la resistencia cardiovascular con una prueba de Course Navette? Estas dudas son legítimas y reflejan una preocupación por no perder la rigurosidad y la objetividad de la evaluación tradicional. Sin embargo, la ciencia pedagógica nos invita a un enfoque más amplio. Como bien señala Domingo Blázquez (2017) en Cómo evaluar bien en educación física: El enfoque de la evaluación formativa, “la evaluación no debe ser un simple acto administrativo de poner una nota, sino un proceso pedagógico que nos ayude a comprender la realidad del alumnado y a mejorar nuestra propia práctica docente”. En este sentido, la evaluación por competencias no es el enemigo de la evaluación tradicional, sino su evolución natural. Se trata de pasar de evaluar lo que el alumnado sabe o puede hacer en un momento puntual, a evaluar cómo utiliza ese conocimiento y esas habilidades en situaciones complejas, cómo se comporta, cómo colabora y cómo resuelve problemas. Es, en esencia, la diferencia entre evaluar para medir y evaluar para aprender. La gran oportunidad que nos ofrece el enfoque competencial es realizar este cambio de paradigma evaluativo; de una evaluación para comprobar las competencias conseguidas, a una evaluación, sobre todo, para ayudar a desarrollar competencias.

Ser competente supone resolver problemas de forma eficiente en contextos auténticos
¿Por qué un nuevo paradigma? De la evaluación centrada en el saber al desempeño
El concepto de competencia, entendido como la movilización de recursos y conocimientos para resolver problemas en la realidad, obliga a establecer una estrategia de evaluación muy definida. La evaluación por competencias es una alternativa al modelo de evaluación tradicional y aboga por una evaluación formativa. Como señalan Tobón, Rial, Carretero y García (2006), el carácter formativo de la evaluación es una característica imprescindible que debe presentar la evaluación por competencias. El profesor López-Pastor (2009) entiende la evaluación formativa y compartida como “todo proceso de constatación, valoración y toma de decisiones cuya finalidad es optimizar el proceso de enseñanza-aprendizaje que tiene lugar, desde una perspectiva humanizadora y no como mero fin calificador”.
Según Coll (2007), el enfoque basado en competencias no resuelve por sí mismo el problema de cómo evaluarlas adecuadamente. La clave reside en si las competencias se convierten en el centro de la práctica educativa o si son solo un “aditivo complementario” a los contenidos curriculares. Si se las coloca en el lugar que les corresponde, la evaluación de las competencias se convierte en una cuestión determinante. A continuación, podemos ver las diferencias entre ambos enfoques.
El dilema del docente: ¿las competencias requieren una evaluación especial?
| Evaluación tradicional | Evaluación de competencias |
|---|---|
| Se centra en medir conocimientos y habilidades. | Se orienta a evaluar el desempeño en contextos reales. |
| Se brindan notas cuantitativas sin criterios claros. | Se toma como referencia evidencias e indicadores. |
| Su fin es ver quién aprueba o reprueba. | Brinda retroalimentación sobre fortalezas y debilidades. |
| Se enfoca en debilidades y errores. | Es participativa, reflexiva y crítica. |
| Es un instrumento de control externo. | Es un proceso continuo, no una tarea puntual. |
| Se considera un fin en sí misma. | Busca la mejora constante y el aprendizaje autónomo. |
Tabla 1. Comparación entre la evaluación tradicional y la evaluación de competencias (basada en Ruiz, 2008).
Para evaluar las competencias, es necesario disponer de fuentes de información y criterios de evaluación. A diferencia de la evaluación tradicional, que se circunscribe a apreciar el nivel de dominio de los conocimientos específicos de una asignatura, la evaluación por competencias considera el nivel de desempeño alcanzado en su adquisición y desarrollo.
La evaluación auténtica y sus evidencias
La evaluación por competencias debe ser auténtica, es decir, que las condiciones de la evaluación guarden un alto grado de fidelidad con las situaciones reales en las que se produce el desempeño evaluado. Se busca evaluar lo que el alumnado hace y cómo lo utiliza para resolver problemas de la vida cotidiana.
En este sentido, las competencias no son directamente evaluables. Se infieren a través de manifestaciones específicas que se denominan evidencias. Es un proceso de aportación de evidencias, que son las producciones tangibles del alumnado. Un ejemplo claro lo encontramos en la pirámide de Miller (1990), que distingue los niveles de evaluación de la competencia:

- Saber (Knows): Evaluación convencional con pruebas teóricas.
- Saber hacer (Knows how): Evaluación práctica de habilidades.
- Mostrar cómo (Shows how): Actuación en simulaciones o situaciones controladas.
- Hacer (Does): Demostración de la competencia en una acción auténtica.
La pirámide de Miller nos muestra que la evaluación por competencias es un proceso complejo que debe basarse en el desempeño en situaciones reales o “auténticas”.
¿Cómo evaluar? instrumentos para un enfoque por competencias
La evaluación de las competencias requiere de la utilización de instrumentos que permitan recoger información sobre el grado de desarrollo de los alumnos. La
observación sistemática se convierte en la herramienta principal, apoyada por una variedad de recursos:
- Rúbricas: Son guías detalladas que especifican los criterios de evaluación y los niveles de desempeño esperados. Permiten una retroalimentación precisa y formativa, evaluando aspectos complejos como la toma de decisiones, la comunicación y el respeto por las normas.
- Portafolios de trabajo (e-Portafolio): Son colecciones de evidencias del aprendizaje de un estudiante a lo largo del tiempo, que permiten visualizar el crecimiento de una competencia de manera integral.
- Diarios de aprendizaje y autorreflexión: Documentos donde el alumnado registra sus vivencias y progresos, promoviendo la metacognición.
- Listas de cotejo y escalas de valoración: Instrumentos de observación para registrar la presencia o el grado de determinadas conductas. Son útiles para una evaluación rápida y sistemática de comportamientos concretos, como la participación o la colaboración.
- Co-evaluación y autoevaluación: Herramientas que involucran a los propios estudiantes en el proceso de evaluación, fomentando la responsabilidad y el pensamiento crítico.
social.
Conclusiones
La evaluación por competencias no es una moda pedagógica, sino una necesidad para formar a individuos y deportistas del siglo XXI. No significa abandonar la evaluación de habilidades o conocimientos, sino integrarla en un marco más amplio y significativo. El gran reto es que docentes, entrenadores, padres y madres asuman que la evaluación es una oportunidad para el crecimiento y no un simple juicio final. La ciencia nos indica que la evaluación debe ser una herramienta para ayudar a nuestro alumnado a mejorar, no para simplemente conocer sus logros. La respuesta a la pregunta inicial es clara: sí, las competencias requieren una evaluación distinta, una que las valore en su contexto y les dé el protagonismo que merecen.
Referencias bibliográficas
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Domingo Blázquez Sánchez. Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona y Licenciado en Educación Física, es un referente global. Ex-catedrático del INEFC de Barcelona, su trayectoria se distingue por ser Presidente de la Red Global de Educación Física y Deportes, así como de su liderazgo en el proyecto INEFC Global. Autor prolífico, sus obras como Métodos de enseñanza en Educación Física y Cómo evaluar bien Educación Física son pilares en la formación de docentes. Reconocido internacionalmente con laMedalla de Oro FIEP Mundial (2019)y elPremio Thulin FIEP Europa (2011), líder en la transformación de la pedagogía de la educación física con su enfoque innovador y publicaciones esenciales.
