
Dra. Violeta Guzmán
19 enero 2026
Antes de escribir sobre este primer tema del año 2026, deseo mencionarles que, después de varios meses de pausa en la escritura, hoy retomo este espacio con una convicción renovada y con tiempos más flexibles que permiten volver a lo esencial: reflexionar, compartir y contribuir. Escribir, es un acto de responsabilidad que implica transmitir lo que se ha aprendido, analizado y construido a lo largo del tiempo, especialmente en un ámbito tan profundo y transversal como el atletismo y el desarrollo deportivo en todas sus categorías.
El año 2026 representa una oportunidad para replantear prioridades y revisar procesos. El deporte y particularmente el atletismo no puede entenderse únicamente desde la competencia o el resultado inmediato; es un fenómeno social, educativo y de salud pública que atraviesa generaciones, contextos y realidades distintas. Desde la iniciación, el alto rendimiento, hasta la etapa máster, el atletismo ofrece herramientas de formación, disciplina, convivencia y bienestar que merecen ser analizadas con seriedad y difundidas con responsabilidad.
Agradezco el espacio que me brinda “El Deporte No Descansa”, un medio que permite aportar ideas, datos, experiencias y reflexiones orientadas a comprender mejor los procesos deportivos, cuestionar prácticas improvisadas y fortalecer una visión más estructurada, incluyente y sostenible del deporte. No se trata de imponer verdades absolutas, sino de abrir diálogo, generar criterio y contribuir a un debate informado.
Escribir en 2026 es un compromiso con la experiencia acumulada y con quienes encuentran en el deporte un proyecto de vida. Desde aquí, la invitación es a leer con apertura, a reflexionar con sentido crítico y a entender que el crecimiento del atletismo, en cualquiera de sus formas, requiere análisis, planificación y una visión de largo plazo. Y esta nueva etapa apuesta por ese análisis, diálogo, el conocimiento compartido y el respeto por los procesos que construyen trayectorias duraderas.
Iniciemos…
“Planear la temporada atlética es respetarte”
No improvisar el camino
Planear una temporada atlética no es un lujo, es un acto de respeto hacia el cuerpo, el tiempo y la historia personal de cada atleta. La improvisación puede generar momentos de euforia, pero rara vez construye trayectorias largas y sostenibles. En el atletismo y particularmente en el atletismo máster no gana quien entrena más, sino quien entrena mejor, con sentido y con estructura.
La evidencia científica es clara. Estudios en planificación del entrenamiento deportivo han demostrado que los programas periodizados reducen significativamente el riesgo de lesión y mejoran el rendimiento a mediano y largo plazo. Investigaciones publicadas en Sports Medicine y Journal of Strength and Conditioning Research señalan que los atletas que siguen ciclos estructurados, presentan hasta un 30–40 % menos de lesiones por sobreuso en comparación con quienes entrenan de forma reactiva o desorganizada. La razón es simple: el cuerpo necesita estímulos progresivos, descansos estratégicos y objetivos claros.
Planear la temporada es también una forma de proteger el sistema nervioso. La fatiga no siempre es muscular; muchas veces es central. Cuando no existe una hoja de ruta, el atleta vive en un estado permanente de exigencia, compite sin recuperar y entrena sin tener claro el rendimiento a alcanzar. Esto eleva los niveles de cortisol, afecta la calidad del sueño y deteriora la capacidad de adaptación. A largo plazo, el costo no es solo físico, sino emocional: frustración, desmotivación y abandono.
En atletas máster, la planificación adquiere todavía más relevancia. Después de los 40, 50 o 60 años, la capacidad de recuperación cambia, la síntesis proteica disminuye y los tejidos conectivos, tendones y ligamentos, requieren más tiempo y cuidado. Por eso, planear no significa entrenar menos, sino entrenar con inteligencia. Significa decidir cuándo apretar, cuándo sostener y cuándo soltar. Significa entender que cada sesión tiene un porqué y un para qué.
Además, una temporada bien planificada permite algo fundamental: alinear la vida con el entrenamiento. Trabajo, familia, viajes y compromisos no desaparecen. Ignorarlos es una forma elegante de sabotearse. La planificación realista considera la vida tal como es, no como quisiéramos que fuera. Ahí radica el verdadero respeto: no exigirle al cuerpo lo que la agenda no puede sostener.
Planear también es un acto de madurez deportiva. Implica renunciar a la improvisación constante, a la competencia innecesaria y a la urgencia de demostrar todo el tiempo. Un atleta que planea entiende que el progreso no siempre es visible, pero sí acumulativo. Que cada fase construye algo, aunque todavía no se vea reflejado en la marca.
Porque al final, planear la temporada no es solo una estrategia de rendimiento. Es una declaración personal: mi cuerpo importa, mi proceso importa y mi camino merece estructura. Improvisar es fácil, respetarse, a veces se olvida. Por lo tanto; “Hay que planear las trayectorias que perduran”.

Violeta Guzmán Magaña. Doctora en Educación Deportiva y Ciencias del Deporte. Maestra en Ciencias del Deporte y Alto Rendimiento. Licenciada en Educación Física. Atleta Olímpica en Grecia 2004 en lanzamiento de martillo. Ha sido entrenadora nacional, docente universitaria, directora de desarrollo deportivo y conferencista nacional e internacional. Actualmente dirige el Departamento de Investigación en la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos y preside la Asociación de Atletas Máster Ciudad de México, impulsando proyectos de impacto que cruzan las fronteras del deporte para alcanzar los ámbitos de la salud, la inclusión, la autonomía funcional y la formación integral del ser humano. Su trayectoria combina alto rendimiento, investigación, docencia y liderazgo, siendo una voz influyente en la transformación del deporte en México y en la promoción de un envejecimiento activo.
