El liderazgo deportivo: fundamentos y grandes líderes

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Por César Pólit Ycaza 

El liderazgo deportivo gira en torno a la sinergia que genera la relación del deporte con la sociedad, siendo como es expresión de ambos. En mucho depende de la confianza y optimismo que transmite el líder, de su poder y autoridad, de su capacidad y valor para asumir desafíos, y para atraer a sus seguidores. Igualmente de su perseverancia para alcanzar los objetivos propuestos, pues uno de sus grandes objetivos es siempre el éxito. 

Su poder y autoridad descansan en la integridad del líder, en su credibilidad y prestigio, aspectos que propician y fundamentan el reconocimiento y adhesión de sus seguidores. La confianza es un componente clave e insustituible de la relación líder-seguidores, dado que los seguidores suelen ir únicamente detrás de aquellos líderes que tienen prestigio y credibilidad, y merecen su respeto.  

Las habilidades para liderar son importantes en cualquier ámbito de la vida. En el deporte son fundamentales para el buen funcionamiento de una organización o un equipo, y para conseguir el mejor rendimiento a nivel individual o grupal. Las características de un líder suelen estar definidas en claves mentales, pues en sus actuaciones acostumbra emplear la psicología, su poder de observación y su intuición. El líder marca el camino a recorrer y lo recorre junto con sus seguidores, sin perder de vista nunca el objetivo.  

Los líderes son ese tipo de gente que mueve masas, que crean una dinámica propicia para conseguir objetivos, que transmite un mensaje ya sea verbal o no verbal y que hace que un grupo esté unido. Expresan y contagian pasión, ansias de gloria y de trascender. Contribuyen con su ejemplo y poder de persuasión a despertar el líder que hay en cada persona.  

El deporte no puede concebírselo sin la existencia de líderes. Lo normal es que surja de manera natural, pero en ocasiones es una figura impuesta desde fuera, como puede ser un capitán al que se ha designado por antigüedad, un entrenador estrella elegido por la directiva. En estos casos es importante que el líder “impuesto” tenga las cualidades para ser percibido como tal, de lo contrario, sólo será una figura testimonial. 

El Manual de Administración Deportiva de Solidaridad Olímpica, desde una óptica dirigencial, define a los líderes deportivos como aquellas personas que logran “combinar destrezas administrativas con un alto grado de responsabilidad social, buen juicio, creatividad y experiencia que son capaces de definir objetivos y prioridades, planificar estrategias y calidad de gestión, e imponer un alto grado de desempeño a sí mismo y a sus colaboradores”. Ellos son siempre gestores. 

La otra importante vertiente de líderes la conforman los deportistas y los entrenadores que, al influjo de sus grandes éxitos y atributos personales, atraen muchos seguidores e inspiran a mucha gente. La existencia de tales líderes, que destacan por su gran número y calidad, corrobora que el deporte sigue siendo una de las más importantes y exitosas escuelas de liderazgo en el mundo.  

En esa escuela se han forjado y a ella se pertenecen líderes provenientes de sectores como la dirigencia, los atletas, los entrenadores, cuya influencia ha rebasado, en muchos casos, el ámbito deportivo. Muchos de ellos siguen siendo grandes referentes en sus países y en el mundo. 

En lo organizacional, su rol reviste una importancia estratégica, pues del éxito de su gestión depende el de su respectiva organización y de sus miembros. Pero dicho éxito depende, a su vez, de alcanzar sus objetivos institucionales, siendo como es ese el fundamento de su accionar y de sus dirigidos. Definitivamente, quienes no van detrás del éxito o no lo alcanzan, no pueden ser considerados líderes, pues en el deporte no hay espacio para líderes conformistas o fallidos.  

A lo largo de la historia, desde que se restauraron los Juegos Olímpicos, muchos líderes deportivos surgieron y llegaron a convertirse en referentes del deporte mundial e, incluso, de la humanidad. El más emblemático de todos es, sin duda, Pierre de Coubertin, por toda su trayectoria en el Olimpismo y su enorme legado al deporte mundial y a la humanidad. La figura y el recuerdo de Coubertin como líder son eternos e insustituibles. 

Su liderazgo, desde aquellos tiempos y hasta la actualidad, ha inspirado y seguirá inspirando a todos quienes están inmersos en el fomento, desarrollo y dirección de actividades deportivas, que abrazan el Olimpismo como filosofía de vida. Así, también, a aquellos que estén dispuestos a trascender y asumir grandes desafíos en cualquier ámbito de la vida.  

Liderazgo de los entrenadores y deportistas  

El liderazgo que encarnan los grandes entrenadores y deportistas descansa en su prestigio y credibilidad, en su destacada trayectoria deportiva. Así, también, en sus ansias de triunfar y alcanzar la gloria, de impulsar a sus seguidores a alcanzarla. Igualmente, en su coraje y decisión para sobreponerse a la adversidad y vencerse a sí mismos, sin romper las reglas ni faltar el respeto a sus adversarios ni a los jueces.  

En los deportes colectivos ellos ejercen un liderazgo formal, bajo reglas, a través del cual señalan el camino a seguir a sus dirigidos, motivándolos y preparándolos para el logro de sus metas; los mentalizan en la importancia del trabajo en equipo, en el sacrificio y la perseverancia. Se caracterizan por ser mental y emocionalmente fuertes y realistas. Son imperturbables en la consecución de sus metas, siendo como son capaces de soportar la presión externa.  

El liderazgo es un requisito insustituible para ser entrenador, pues resulta inimaginable alcanzar grandes objetivos de la mano de personas incapaces de trascender e influenciar sobre sus dirigidos. Por consiguiente, únicamente los entrenadores que son buenos líderes y perseverantes, estarán predestinados a realizarse profesionalmente y alcanzar el éxito deportivo.  

Su éxito profesional depende en mucho del nivel de ascendencia sobre sus dirigidos, del mayor o menor reconocimiento que estos pueden hacer de su liderazgo, cuando incluso han existido muchos entrenadores, en especial de los deportes de conjunto que, con su gran liderazgo y ejemplo, marcaron la vida y personalidad de sus dirigidos y seguidores.  

La enumeración de esos grandes referentes es una tarea inagotable y difícil de asumir, por lo que, para fines ilustrativos, la limitaremos a varios entrenadores de los más importantes deportes colectivos que, a nuestro criterio, dejaron la impronta de su gran liderazgo, tras conjugar autoridad, capacidad, ambición y grandeza. Todo ello los llevó a convertirse en leyendas del deporte mundial.  

En el fútbol destacamos a Rinus Michels, Alex Fergunson, Helenio Herrera, Arrigo Sacchi, Jupp Heynckes, Bob Paisley, Johan Cruyff, Omar Hitzfield, Pep Guardiola, Fabio Capello, Carlo Ancelotti, Mario Lobo Zagallo, César Luis 

Menotti, Jurgen Klopp, José Mourinho, Oscar Tabárez, Néstor Pékerman, Juan López, Carlos Bilardo, Carlos Bianchi. En el baloncesto, a los estadounidenses Phil Jackson, Gregg Popovich, Red Auerbach, Don Nelson, John Kundla, Pat Riley y Bill Fitch, y a los rusos Evgenijk Gomel’skij y Vadim Kapranov, junto con otros más entrenadores europeos destacados.  

En el vóleibol relievamos líderes y entrenadores legendarios como Eugenio George (Cuba) – el mejor entrenador del siglo XX -, Bernardo Rezende (Brasil), Julio Velasco (Argentina), Lan Ping (China), Karch Kiraly (USA), y los igualmente exitosos Raúl Lozano y Daniel Castellani (Argentina); José Roberto Guimarães y Renán Dal Zotto (Brasil); Vyacheslav Platonov y Yuri Chesnokov (Rusia); y, Yuan Weimin (República Popular de China), Yasutaka Matsudaira (Japón)  y Doug Beal (Estados Unidos), entre los más recordados.  

Esa pléyade de grandes entrenadores y líderes deportivos mantuvo una relación íntima con el éxito y la victoria, se emparentaron con ellos y los volvió su obsesión. Todos ellos evidenciaron sus extraordinarios atributos personales y competencia técnica, méritos que contribuyeron a convertirlos en referentes insustituibles de las actuales y futuras generaciones.  

Marcaron un antes y un después en su deporte, son sus héroes. Pero, sin duda, su mayor contribución fue la formación de grandes deportistas que llegaron a convertirse también en líderes y referentes de sus respectivas disciplinas; y, posteriormente, en dirigentes o entrenadores exitosos.  

Clases de líderes  

La forma en que el líder deportivo ejerce su poder y autoridad, y se interrelaciona con sus subordinados o seguidores, define la clase de líder que es. Generalmente, el estilo de liderazgo se encuentra asociado a sus particulares atributos y capacidades – entre ellos su capacidad, experiencia, competencia técnica y otros más de los antes nombrados -, y al grado de confianza y acogida que a éste le profesan sus seguidores. Como ejercicio ilustrativo, podemos resumir la siguiente clasificación de líderes deportivos:  

  1. Líder autócrata. Este tipo de líderes asume toda la responsabilidad en la toma de decisiones, es quien inicia las acciones, dirige, motiva y controla a sus seguidores. Aunque pueda delegar parte de sus deberes en otras figuras, no atiende a opiniones ni puntos de vista externos y asume toda la responsabilidad ante cualquier decisión. Sólo él se siente capaz de adoptar decisiones. 

En mérito al excesivo poder que detenta, busca adueñarse de las organizaciones y perennizarse en su condición, sin importarle el cómo. Sus patrones de comportamiento generan usualmente reacciones de apatía y agresividad, y tensiones internas que favorecen la fragmentación institucional y el deterioro de las relaciones interpersonales. Su cuestionable accionar da lugar al surgimiento de líderes contradictores y hostiles al interior de la propia organización.  

El estilo autócrata vuelve al líder más propenso a la adopción de decisiones equivocadas, lo que ha llevado a muchas organizaciones a pensar más allá de la jerarquía, a no transigir con que el poder y la autoridad se concentren en una misma persona, peor si los ejerce con excesos. Sin embargo, también se han registrado casos de aquellos que, tras hacer prevalecer su fuerte autoridad, sí desarrollaron una gestión exitosa. Ello les posibilitó reelegirse por varios periodos, a veces en procesos poco democráticos y transparentes.  

Aun cuando la tarea de enlistarlos es compleja, existen nombres que generan consensos en esa categoría, como el de los ya extintos Jules Rimet, Avery Brundage, Stanley Rous, Primo Nebiolo, Paul Libaud, Juan Antonio Samaranch, Mario Vásquez Raña, Joao Havelange, Antonio Rodríguez, Ricardo Russomando, Julio Grondona, Mauricio Sulaimán, Gerhard Mayer, Bernie Eclestone, Carlos Nuzman, Rubén Acosta, entre otros.  

  1. Líder participativo. Es un líder que basa su dirección en un sistema democrático, en el que todas las opiniones y puntos de vista se consideran válidos y son escuchados. Apoya a sus seguidores, sin asumir una postura intransigente, aunque se reserva para sí y con determinación la autoridad final en los asuntos de importancia. Los impulsa a incrementar su capacidad de autocontrol y asumir más compromiso en los esfuerzos que realizan.  

Ese estilo de liderazgo es el más aceptado en el mundo deportivo, pues es el que más promueve la alternancia democrática en las organizaciones y la consulta a sus subordinados. Entre los líderes sudamericanos participativos podemos mencionar a Neven Ilic, Camilo Pérez, Julio César Magglione, Iván Dibós, Baltazar Medina, Hugo Conté, Miguel Ángel Mujica, Paulo Vanderley, Alicia Morea, Víctor Groupierre.  

Recordamos también a los inolvidables Alberto Nariño, Flor Isava Fonseca, Antonio Viverti, Gastos Guelfi, Washington Cataldi, Antonio Carbone, Mario García y García, Manuel Seminario Sáenz de Tejada, Andrew Dick, Fermando Mendes de Almeida, Sylvio de Magalhaes Padilla, Fernando Romero Mazzeo, Fidel Mendoza Carrasquilla, César Carman, Alfonso Senior Quevedo, León Londoño, Eduardo Menicheti, Carlos Paz Soldán, Eduardo Dibós Dammert, Alberto J. Armando, José Amalfitani, Antonio Liberti, José Beracasa Amrán, Teo Capriles, Carlos Dittborn, Santiago Leyden y otros más que dieron lustre a la dirigencia deportiva sudamericana.  

  1. Líder anárquico. Es aquel que generalmente delega a sus subalternos la autoridad para tomar decisiones y realizar tareas, a falta de una estructura de poder y dirección, sin importarle la forma en que lleguen a hacerlas, siempre y cuando las hagan bien. Confía en que sus seguidores o subalternos asuman la responsabilidad o tarea por su propia motivación, guía y control, sujeta a un número mínimo de reglas.  

El relacionamiento con sus ellos carece de proximidad y compromiso, por lo que este tipo de liderazgo dificulta la búsqueda y alcance de objetivos. Y sobre todo la toma adecuada de decisiones, al involucrarse demasiadas personas, lo cual contribuye a la anarquía o a desviarse de los objetivos trazados. 

Por fuera de esta clasificación nos encontramos con otras dos tipologías basadas en el enfoque que le da el líder a su forma de dirigir a sus seguidores. En ese contexto actitudinal existen los líderes positivos y los negativos.  

Líder positivo: Es aquel que asume una actitud positiva y optimista, que busca favorecer la resolución de conflictos mediante la comunicación y la igualdad de condiciones entre los miembros de una organización o equipo. Su abordaje se basa en la empatía y la escucha activa. No procura sólo dar solución a los problemas con una decisión propia, sino que ayuda a las personas que lo siguen a alcanzar acuerdos por sí mismos, aunque para ello pueda influir su propio criterio, en mayor o menor medida. 

Líder negativo: Este tipo de liderazgo es propio de quienes actúan de una manera contraria al antes mencionado. Estos líderes pierden las perspectivas de su propia condición y de la importancia de los hechos, cediéndola en favor de su propio criterio y de su ego. En muchos casos esto conlleva consecuencias negativas, tanto para los miembros de la organización o equipo como para el alcance de los objetivos grupales. 

Conclusión  

Sea cual sea el estilo de liderazgo por el que se opte, lo fundamental siempre será alcanzar los objetivos propuestos, pues esa es la misión de todo líder y la aspiración de sus seguidores. No obstante, demás está decir que el estilo con mayor capacidad socializadora es el que más posibilidades ofrece al líder y a sus seguidores de lograr sus objetivos, puesto que el liderazgo es una conducta humana que se expresa a través de la interacción social.  

Por tanto, al margen de las consideraciones teóricas formuladas, nos ratificamos en que se impone la vigencia de un liderazgo compartido, basado en la confianza recíproca y en una visión compartida, que privilegie las sinergias deportesociedad y líder-seguidores. En el deporte los líderes no nacen, se hacen. El deporte es la mejor escuela para su formación, es una escuela de vida. 

Hoy más que nunca, ante la crisis de valores y de liderazgo que enfrenta la humanidad, esta demanda la existencia de grandes líderes. El deporte también. 

César Pólit Ycaza ECU. Destacado especialista ecuatoriano en deporte, licenciado en Ciencias Sociales y Políticas, con una amplia trayectoria en gestión y política deportiva. Ha sido presidente de la Federación Ecuatoriana de Voleibol, secretario nacional del Deporte, directivo del Comité Olímpico Ecuatoriano y secretario de la Federación Ecuatoriana de Tenis. Fue director de la Comisión de Eventos de la Confederación Sudamericana de Voleibol y presidente del Panathlon Club Guayaquil. Es autor del libro Estado y Deporte. Amigos y enemigos íntimos y ha participado activamente en la elaboración de leyes deportivas, promoviendo la ética, la transparencia y el desarrollo institucional.

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