La Crisis de los Planes y Cursos Vacacionales Deportivos

Por Ricardo Félix Inguanzo MEX
rfinguanzo@gmail.com
En las fechas vacacionales de receso escolar, miles de padres mexicanos se enfrentaron a una decisión aparentemente simple pero profundamente compleja: ¿dónde dejar a sus hijos mientras están de vacaciones? Esta pregunta, que se repite cada verano, ha dado lugar a una problemática de planes o cursos vacacionales deportivos que, en muchos casos, se limitan únicamente al cuidado básico de los menores sin ofrecer valor educativo alguno, convirtiéndose en simples guarderías.
La proliferación de estos servicios ha creado un mercado diverso que incluye desde centros de desarrollo físico deportivo hasta simples “guarderías del ocio”, donde la diferencia fundamental radica no solo en las actividades que ofrecen, sino en la filosofía educativa que las sustenta. Mientras algunos planes o cursos vacacionales deportivos buscan genuinamente contribuir al desarrollo integral de los niños a través de actividades estructuradas y pedagógicamente fundamentadas, otros se conforman con mantener a los niños ocupados y seguros durante las horas laborales de sus padres.
En México organizar un plan o curso vacacional deportivo se ha convertido en un gran negocio económico, precisamente por la falta de supervisión fiscal y profesional, lo que permite maximizar ganancias a costa de la calidad y la seguridad.
Esta triste realidad plantea interrogantes fundamentales sobre la calidad de los servicios que reciben los hijos durante períodos cruciales de su desarrollo.
¿Estamos conformándonos con soluciones de cuidado básico cuando deberíamos exigir oportunidades de crecimiento, aprendizaje, desarrollo y socialización?, ¿Qué consecuencias tiene para el desarrollo infantil la exposición prolongada a ambientes que priorizan la supervisión sobre la estimulación educativa?
El panorama se complica aún más cuando consideramos la falta de regulación profesional en el sector deportivo y educativo informal en México. La ausencia de estándares claros ha permitido que personas sin la formación y experiencia adecuada dirijan, enseñen, entrenen y eduquen en planes o cursos vacacionales deportivos que involucran la seguridad física y el bienestar emocional de miles de niños. Esta situación no solo compromete la calidad de los servicios, sino que puede poner en riesgo la integridad de los menores participantes.
Los padres de familia mexicanos enfrentan una encrucijada compleja durante los períodos vacacionales, una necesidad imperiosa de encontrar espacios seguros donde sus hijos puedan permanecer durante las horas de trabajo. Por otro lado, existe una responsabilidad inherente de asegurar que estos espacios contribuyan positivamente al desarrollo de sus hijos, en lugar de simplemente “dejarlos ahí, para que los guarden en un espacio” hasta la salida laboral de los padres.
Lamentablemente, la realidad demuestra que muchos padres toman decisiones apresuradas sin considerar factores fundamentales que determinarán la calidad de la experiencia de sus hijos. La presión del tiempo, las limitaciones económicas y la falta de información adecuada llevan a decisiones que priorizan la conveniencia sobre la calidad desarrollo – educativo, con actividades diseñadas principalmente para mantener a los niños ocupados en lugar de promover su desarrollo, representan oportunidades perdidas de aprendizaje y pueden contribuir a la percepción de que el tiempo vacacional es inherentemente improductivo desde una perspectiva educativa.
El problema se agrava cuando estas actividades sin propósito constituyen la mayoría del tiempo programático. Los niños que participan en programas dominados por actividades vacías (espacios estériles, caracterizados por la ausencia de estímulos) pueden desarrollar actitudes negativas hacia el aprendizaje estructurado, expectativas reducidas sobre su propio potencial de crecimiento, y patrones de comportamiento pasivo que pueden extenderse a otros contextos educativos.
Los ambientes poco estimulantes van más allá de la simple esterilidad física para incluir aspectos como la falta de desafíos intelectuales del deporte, la ausencia de variedad en las experiencias de aprendizaje, y la normalización de expectativas bajas. Estos ambientes pueden ser particularmente dañinos porque pueden parecer aceptables superficialmente mientras que sistemáticamente subvaloran el potencial de los niños.
La falta de variedad en las experiencias de aprendizaje en un plan o curso vacacional deportivo es una característica común de ambientes poco estimulantes. La diversidad de experiencias es esencial para mantener el compromiso y permitir que diferentes niños encuentren áreas donde puedan destacar, progresar y conectar.
La ausencia de conexiones entre las actividades y el mundo real es otro aspecto problemático al tener dificultades para ver la relevancia de lo que están aprendiendo.
La falta de progresión en las actividades es otro aspecto problemático. Muchos planes y cursos vacacionales deportivos repiten las mismas actividades día tras día sin considerar el desarrollo de competencias o la necesidad de desafíos crecientes. Esta repetición sin progresión no solo genera aburrimiento, sino que también desperdicia oportunidades valiosas para el desarrollo de habilidades más sofisticadas.
Las investigaciones en desarrollo infantil han identificado múltiples variables que los padres deberían considerar al seleccionar un plan o curso vacacional deportivos, pero que frecuentemente son pasadas por alto. El primer y más importante factor es la adaptación del programa educativo a las necesidades e intereses específicos del niño.
Cada menor tiene un perfil único de habilidades, intereses y necesidades de desarrollo que deberían ser considerados al momento de elegir una actividad.
Muchos padres cometen el error de inscribir a sus hijos en un plan o curso vacacional sin consultarles o platicarles previamente, asumiendo que cualquier actividad será beneficiosa o, peor aún, que la opinión del menor es irrelevante en la decisión. Esta práctica no solo puede generar resistencia y falta de participación por parte del niño, sino que puede resultar en experiencias negativas que afecten su disposición futura hacia las actividades físicas o educativas.
La gran mayoría de los padres toman como factores importantes para su decisión de elegir un plan o cursos vacacional deportivo, puede ser la cercanía, actividades, el costo, los horarios, el prestigio, el seguir a sus amigos, etc.
Pero lastimosamente, sin quererlo o saberlo, los padres ignoran los enfoques a largo plazo de asistir a un plan o curso vacacional deportivo malo. Los padres frecuentemente tienden a buscar soluciones inmediatas, la maldita y perversa inmediatez para el período vacacional, sin considerar si el plan o curso vacacional deportivo contribuirá al desarrollo de habilidades, valores o conocimientos que beneficien al niño más allá de las vacaciones.
Un plan o curso vacacional deportivo verdaderamente valioso debe ofrecer aprendizajes y enseñanzas transferibles que enriquezcan la experiencia educativa del menor para la vida.
Al detallar a un plan o curso vacacional deportivo se resalta ante todo primero la seguridad, al decir seguridad, se refiere a la seguridad física, que es naturalmente, una preocupación primordial para cualquier padre. Sin embargo, la evaluación de la seguridad va mucho más allá de verificar la presencia de rejas, sistemas de vigilancia o protocolos de emergencia. La seguridad integral incluye aspectos como la supervisión adecuada, la separación apropiada de grupos por edades, la calidad de las instalaciones y, crucialmente, la competencia profesional del personal a cargo.
La historia de México en planes o cursos vacacionales deportivos en tragedias de tipo ahogamientos no son un fenómeno aislado, sino el resultado de múltiples fallas sistémicas que incluyen supervisión inadecuada, instalaciones deficientes y, frecuentemente, personal no capacitado para manejar emergencias. Estos incidentes subrayan la importancia de una evaluación rigurosa de los protocolos de seguridad antes de confiar la integridad de un menor a cualquier programa.
En un plan o curso vacacional deportivo el tamaño de los grupos si importa, es un indicador directo de la calidad de atención que recibirá cada niño. Grupos más pequeños permiten una atención más individualizada, un mejor seguimiento del progreso de cada menor y una respuesta más efectiva a las necesidades específicas que puedan surgir. Sin embargo, muchos a la hora de organizar un plan o curso vacacional deportivo priorizan la rentabilidad económica sobre la calidad educativa, creando grupos excesivamente grandes que comprometen la efectividad de la experiencia.
Los planes o cursos vacacionales deportivos representan una de las opciones más populares para los padres mexicanos durante los períodos de vacaciones en receso escolar. Estos planes o cursos vacacionales deportivos prometen combinar deporte, actividad física, socialización y entretenimiento en un paquete atractivo que, en teoría, contribuye al desarrollo integral de los menores. Sin embargo, la realidad de muchos de estos planes o cursos vacacionales deportivos dista considerablemente de sus promesas publicitarias.
Un buen plan o curso vacacional deportivo debe ser un medio para alfabetizar motrizmente y cognitivamente al niño, ofreciendo experiencias agradables que permanezcan a lo largo de su vida.
Los planes o cursos vacacionales deportivos típicos ofrecen una amplia gama de actividades que incluyen deportes individuales y colectivos, deportes de red, deportes de combate, deportes de precisión, deportes acuáticos, y actividades complementarias como manualidades, juegos de mesa, actividades de cocina, cuentacuentos y excursiones. Esta diversidad puede parecer atractiva desde la perspectiva del marketing, pero plantea interrogantes importantes sobre la profundidad y calidad de la instrucción en cada área.
Actualmente persiste el gran debate del polideportista iniciado versus especializacion temprana (diversificación de experiencias versus especialización temprana) algunos teóricos de las ciencias del deporte apoyan la tendencia hacia la diversificación excesiva de actividades frecuentemente resulta en experiencias superficiales que no permiten a los niños desarrollar competencias reales en ningún área específica. En lugar de ofrecer una introducción sólida a principios deportivos fundamentales o desarrollar habilidades específicas de manera progresiva, muchos programas se conforman con exponer a los niños a múltiples actividades sin profundizar en ninguna.
Esta aproximación “buffet” al desarrollo deportivo puede ser contraproducente para el crecimiento de los menores. Algunas investigaciones en pedagogía deportiva sugieren que los niños se benefician más de experiencias que les permitan desarrollar competencia y confianza en áreas específicas, en lugar de exposición superficial a múltiples disciplinas. La competencia percibida en una actividad es un predictor importante de la motivación intrínseca y la adherencia a largo plazo a la actividad física deportiva.
Mientras que algunos planes o cursos vacacionales deportivos empujan hacia la especialización prematura en deportes específicos, otros caen en el extremo opuesto de ofrecer experiencias tan diversificadas que carecen de coherencia pedagógica.
Evidencia científica sugiere que, para la mayoría de los niños, especialmente en edades tempranas, la diversificación controlada de experiencias motrices es más beneficiosa que la especialización temprana. Sin embargo, esta diversificación debe ser pedagógicamente fundamentada, con objetivos claros de desarrollo motor, cognitivo y social, no simplemente una colección aleatoria de actividades deportivas diseñadas para mantener a los niños ocupados.
Muchos planes o cursos vacacionales deportivos operan en instalaciones que, aunque pueden parecer adecuadas a primera vista, presentan riesgos ocultos o limitaciones que comprometen la calidad de la experiencia. Espacios sobrepoblados, equipamiento inadecuado para las edades de los participantes, falta de áreas de sombra en actividades al aire libre, o instalaciones sanitarias insuficientes, son problemas comunes que afectan tanto la seguridad como la comodidad de los menores, consideraciones sobre la accesibilidad para niños con diferentes capacidades, la presencia de espacios para primeros auxilios, y la adecuación de las áreas de almacenamiento para pertenencias personales. Estos detalles, aunque pueden parecer menores, contribuyen significativamente a la calidad general de la experiencia y a la percepción de profesionalismo del plan o curso vacacional deportivo.
El elemento más crítico en cualquier plan o curso vacacional deportivo es la calidad del personal a cargo. Los instructores, monitores y coordinadores no solo deben poseer conocimientos técnicos sobre las actividades que supervisan, sino que deben comprender los principios del desarrollo infantil, las técnicas de manejo de grupos, los protocolos de seguridad, y las metodologías pedagógicas apropiadas para diferentes edades.
Lamentablemente, muchos planes o cursos vacacionales deportivos emplean personal con calificaciones mínimas o inexistentes, basando sus decisiones de contratación en criterios como el entusiasmo personal, la disponibilidad, o incluso relaciones personales y familiares, en lugar de competencia profesional demostrada. Esta práctica no solo compromete la calidad educativa del plan o curso vacacional deportivo, sino que puede poner en riesgo la seguridad de los niños.
La formación adecuada del personal a cargo de enseñar a los niños debe incluir no solo conocimientos técnicos sobre deportes y actividades físicas, sino también capacitación en primeros auxilios y manejo de grupos, poseer tres componentes fundamentales: conocimientos teóricos sólidos (el saber), habilidades prácticas desarrolladas (el saber hacer), y actitudes apropiadas hacia su responsabilidad profesional (el saber ser).
La ausencia de cualquiera de estos componentes compromete la calidad del servicio y puede poner en riesgo el bienestar de los niños.
Al estar al frente de niños enseñándoles un deporte y no tener una formación mínima necesaria en pedagogía, desarrollo infantil o ciencias del deporte. el intrusismo profesional se convierte en uno de los problemas más graves en un plan o curso vacacional, poniendo en riesgo la seguridad y el desarrollo de los niños.
El problema del intrusismo profesional en el deporte y la educación infantil tiene dimensiones múltiples que van más allá de la simple falta de diplomas o títulos. Incluye la ausencia de conocimientos fundamentales sobre desarrollo del deporte y el desarrollo infantil. A pesar de las limitaciones regulatorias, existen esfuerzos importantes en México para profesionalizar y regular el sector deportivo en México. La Dirección General de Profesiones, a través de la Comisión Técnica Consultiva de Cultura Física y Deporte, asimismo, la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos (ENED), ha iniciado procesos para estandarizar las competencias laborales en el ámbito deportivo. Estos esfuerzos incluyen el desarrollo de estándares de competencia que pueden ser acreditados por el Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (CONOCER) dentro del Sistema Nacional de Competencias.
Estas iniciativas representan un avance significativo hacia la profesionalización del sector, pero su implementación y adopción generalizada aún enfrenta desafíos importantes. La resistencia al cambio por parte de operadores establecidos, la falta de conciencia por parte de los consumidores sobre la importancia de la certificación profesional, y las limitaciones económicas para acceder a programas de formación son obstáculos que deben superarse para lograr una transformación efectiva del sector deportivo.
La situación se agrava por la percepción social de que el trabajo en planes o cursos vacacionales deportivos, así como en clubes y gimnasios, no requiere formación especializada, sino únicamente entusiasmo, buena voluntad, o experiencia personal en deportes. Esta percepción errónea ha contribuido a la normalización del intrusismo y ha dificultado los esfuerzos por profesionalizar el sector deportivo, de ahí la problemática de ¿por qué a México le va como le va en competencias deportivas en muchos deportes?, todo emprende en la carencia del expertiz profesional en la identificación, detección y progresión temprana de talentos deportivos en planes o cursos vacacionales deportivos,
A esto se suma un problema de legalidad y transparencia. Muchos planes vacacionales operan en la informalidad, violando la ley, no son supervisados o vigilados por el Servicio de Administración Tributaria (SAT) quien es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en México, que tiene la responsabilidad de aplicar la legislación fiscal y aduanera, es decir la mayoría de planes o curso vacacionales no facturan y si reciben dinero cobrando a los buenos padres bien intencionados por el bienestar de sus hijos, estos planes o cursos vacacionales no dan comprobantes fiscales, la gran mayoría, por decir casi todos los planes vacacionales en México cobran.
Se requiere implementar una regulación en la ley federal de certificación profesional, estándares de seguridad en instalaciones deportivas y supervisión fiscal obligatoria (como la facturación). Esto no solo constituye una evasión fiscal a los organizadores, sino que también deja a los padres sin un respaldo legal en caso de incidentes. Gobierno federal deberá crear sellos de calidad y beneficios fiscales para los padres que inscriban a sus hijos en algún plan o curso vacacional deportivo que cumpla con los estándares profesionales y legales establecidos en la ley.
Es necesario establecer un sistema de licencias y permisos que requiera la demostración de competencias mínimas antes de autorizar la operación de planes o cursos vacacionales deportivos. Este sistema debería incluir inspecciones regulares, mecanismos de quejas y sanciones, y procesos de renovación anual que aseguren el mantenimiento de estándares de calidad.
En México, la falta de regulación efectiva de la ley en el sector de servicios deportivos y educativos informales ha permitido que personas sin la preparación académica o técnica adecuada asuman roles de responsabilidad en la dirección, organización y tareas de actividades que involucran a miles de niños. Esta situación no es exclusiva del ámbito vacacional, sino que se extiende a gimnasios, clubes deportivos, escuelas privadas, y una amplia gama de instalaciones donde se ofrecen servicios relacionados con la actividad física y el desarrollo infantil.
La transformación del sector es una responsabilidad compartida entre el gobierno, los proveedores de servicios y, crucialmente, los padres de familia. Debemos dejar de ver estos planes y cursos vacacionales deportivos como simples “guarderías” y empezar a exigir que sean verdaderos espacios de desarrollo y crecimiento. El deporte y la educación de calidad no son un lujo, sino un derecho fundamental. Es hora de actuar para garantizar que el futuro de los niños sea tan prometedor como se merecen.
Un plan o curso vacacional deportivo verdaderamente efectivo debe considerar múltiples elementos que van más allá de la simple organización de actividades. La planificación integral requiere una consideración cuidadosa de la edad y nivel de los niños, establecimiento de objetivos claros y medibles, diseño de actividades variadas pero coherentes, y la implementación de protocolos rigurosos de seguridad y supervisión.
La consideración de la edad y nivel de los participantes es fundamental para el éxito de cualquier plan y curso vacacional deportivo. Los niños de diferentes edades tienen necesidades de desarrollo distintas, capacidades físicas variables, y niveles de atención y comprensión diferentes. Un plan y curso vacacional deportivo de calidad debe segmentar a los participantes en grupos apropiados y diseñar actividades específicamente adaptadas a cada grupo etario. Esto no solo mejora la efectividad del aprendizaje, sino que también reduce los riesgos de seguridad asociados con la mezcla inapropiada de edades.
La variedad de actividades debe ser cuidadosamente balanceada para mantener el interés de los participantes. Incluyendo deportes tradicionales, juegos recreativos, excursiones educativas, y actividades complementarias que contribuyan al desarrollo integral.
La planificación de horarios es un aspecto crítico que frecuentemente se subestima. Los horarios deben considerar los ritmos naturales de energía de los niños, proporcionar períodos apropiados de descanso, incluir tiempo para alimentación e hidratación, y alternar actividades de alta y baja intensidad para mantener el compromiso sin causar fatiga excesiva
Un plan o curso vacacional deportivo bien diseñado y ejecutado proporciona beneficios múltiples que se extienden mucho más allá del simple entretenimiento o cuidado. Estos beneficios abarcan dimensiones físicas, cognitivas, emocionales y sociales del desarrollo infantil, creando un impacto positivo duradero en la vida de los niños.
La conexión y creación de vínculos representa uno de los beneficios más significativos de los planes o cursos vacacionales deportivos de calidad. Los niños tienen la oportunidad de formar amistades nuevas, desarrollar habilidades sociales, y aprender a trabajar en equipo en un ambiente estructurado pero relajado.
El desarrollo de la motricidad y el ejercicio físico proporcionan beneficios fundamentales para la salud física de los niños. En una época donde el sedentarismo y la obesidad infantil representan preocupaciones crecientes, los planes o cursos vacacionales deportivos ofrecen una oportunidad valiosa para que los niños se mantengan activos, desarrollen habilidades motoras fundamentales, y establezcan patrones de actividades físico deportivas que pueden durar toda la vida.
La posibilidad de jugar y moverse libremente en ambientes seguros y supervisados es esencial para el desarrollo saludable de los niños. El juego y el deporte no es simplemente entretenimiento; es una forma fundamental de aprendizaje que permite a los niños explorar, experimentar, y desarrollar habilidades cognitivas y sociales.
El impulso a la creatividad se desarrolla cuando los niños tienen la oportunidad de jugar y hacer deporte con diferentes objetos, explorar diversos espacios, y participar en actividades que requieren pensamiento innovador y resolución de problemas. Las actividades deportivas y recreativas bien diseñadas pueden estimular la imaginación y fomentar el pensamiento creativo, habilidades que son valiosas en todos los aspectos de la vida.
En un plan o curso vacacional deportivo, los padres tienen el derecho, necesidad y obligación de conocer completamente el reglamento, incluyendo todas las políticas, procedimientos, y expectativas (horarios detallados de entrada y salida, políticas de disciplina, procedimientos de emergencia, requisitos de equipamiento, y cualquier restricción o limitación que pueda afectar la participación de su hijo). La transparencia en la comunicación no solo facilita la logística familiar, sino que también construye confianza entre los proveedores del plan o curso vacacional deportivo y las familias.
Los padres que están bien informados sobre todos los aspectos del plan o curso vacacional deportivo pueden tomar decisiones más informadas y están mejor preparados para apoyar la experiencia de sus hijos.
Un padre informado se mantiene conectado con la experiencia de sus hijos, permitiéndole comprender por qué vale la pena invertir en el desarrollo de sus hijos.
Esta comunicación también proporciona oportunidades para que los padres refuercen en casa los aprendizajes y experiencias del plan o curso vacacional.
Las consecuencias de exponer a los niños a ambientes de planes o cursos vacacionales que carecen de valor educativo o que presentan características problemáticas se extienden mucho más allá de verano. Estas consecuencias pueden incluir efectos en el desarrollo cognitivo, emocional, social, y motivacional que persisten a largo plazo.
Los niños que experimentan frustración por la falta de desafíos apropiados durante la enseñanza del deporte, así como bullying, estrés debido a ambientes poco favorables, aburrimiento crónico en la clase, pueden desarrollar resistencia hacia futuras oportunidades de participación en el deporte o en otro plan o curso vacacional deportivo y lo más grave, muy posiblemente en el futuro serán adultos sedentarios, por esa mala experiencia de participación en su niñez en un plan o curso vacacional deportivo.
De ahí la importancia de desarrollar competencias favorables en el plan o curso vacacional deportivo, al grado de ser esenciales para el niño en su éxito futuro.
Imaginemos un México donde cada niño que participa en un plan o curso vacacional deportivo tiene acceso a experiencias que contribuyen positivamente a su desarrollo físico, cognitivo, emocional y social, pero vamos más allá, cada niño que participa en un plan o curso vacacional deportivo tiene la oportunidad de poder desarrollarse exitosamente y muy probablemente representar a México en los Juegos Olímpicos de 2032 en Brisbane, Australia.
Este futuro no solo es posible, sino que es alcanzable con el compromiso y la acción coordinada de todos los actores involucrados de toma de decisiones en el deporte mexicano.
Lamentablemente, cada día, cada temporada vacacional de verano que permitimos sin mejoras significativas que personas sin la formación adecuada estén dando clases en un plan o curso vacacional deportivo, representa oportunidades perdidas para miles de niños mexicanos. Cada día que permitimos que el intrusismo profesional continúe sin regulación es un día en que perdemos y ponemos en riesgo el bienestar de los niños mexicanos, con una infructuosa, inaprovechada y mala inversión, después no se quejen ¿por qué su hijo no hace deporte? o ¿por qué México no gana medallas en los juegos olímpicos?
El deporte y la educación de calidad no son lujos; son derechos fundamentales de todos los niños. Es hora de que nuestra sociedad actúe en consecuencia y transforme un sector que tiene el potencial de contribuir significativamente al desarrollo de las futuras generaciones de México.
La transformación del sector de planes y cursos vacacionales deportivos no es solo una cuestión de política pública o mejora de servicios; es una cuestión de derechos humanos, justicia social y responsabilidad intergeneracional.
Tenemos la obligación ética y moral de proporcionar a los niños las mejores oportunidades posibles para su desarrollo y crecimiento a través del deporte.
Como sociedad mexicana, debemos decidir si estamos dispuestos a conformarnos con servicios que simplemente “cuidan” a niños, o si aspiramos a planes y cursos vacacionales deportivos que verdaderamente contribuyan al desarrollo integral.
El futuro de los niños, y por extensión el futuro del país, depende de las decisiones que tomemos hoy, ya basta.
Va por más, somos más.
Va mucho más allá de las consideraciones económicas inmediatas de pagar un plan o curso vacacional deportivo.
Va mucho más que las medallas de oro en Juegos olímpicos.
¡Va por el costo humano, de cómo humano vivir, más y mejor!
Va por nuestros hijos, por México.
La elección es nuestra, y el momento de actuar es AHORA
Continuara…
Ricardo Félix Inguanzo

Destacado especialista mexicano en deporte y cultura física. Es Doctor en Pedagogía, con un diploma de estudios avanzados por la Universidad de Murcia (España); Maestro en Ciencias del Deporte por el Instituto José Vasconcelos en León, Guanajuato; y Licenciado en Cultura Física y Deporte por la Universidad de Guadalajara. También posee cinco diplomados en entrenamiento deportivo, políticas públicas y legislación deportiva (UNAM), tutoría universitaria (UAZ), y computación aplicada (ITESM). Ha sido docente en la licenciatura en Educación Física en la Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho (BENMAC), coordinador de la maestría en Ciencias del Deporte (ENED‑CONADE‑BENMAC), y ponente certificador en diversos congresos nacionales e internacionales. Además, ha participado en más de 65 sínodos profesionales en Educación Física, Ciencias del Deporte y Actividad Física.
