Por Héctor Pérez MEX
En el contexto actual de la Educación Física en México, se ha vuelto común observar cómo muchos profesionales pretenden abarcar múltiples campos sin una formación sólida en cada uno de ellos: enseñan recreación, deporte, salud, metodologías activas, pedagogía o entrenamiento, sin distinguir los fundamentos epistemológicos que cada ámbito requiere. Esta práctica, aunque en apariencia muestra versatilidad, en realidad refleja una confusión profesional que amenaza la identidad, la ética y la credibilidad del educador físico como especialista en el saber motriz.
Ser un todólogo en Educación Física no es sinónimo de ser un profesional integral; más bien, es un riesgo que conduce a la superficialidad, al reduccionismo y a la desprofesionalización de nuestra disciplina, en cambio, la especialización representa una responsabilidad ética, un compromiso con el conocimiento profundo y una apuesta por la calidad educativa. Especializarse no significa encerrarse en un área, sino comprenderla a fondo para poder dialogar con las demás desde un lugar de conocimiento y respeto.
El profesional de la Educación Física debe reconocer que el cuerpo, el movimiento, la acción motriz y la motricidad constituyen su campo de acción y su objeto de estudio. Desde ahí, puede y debe interactuar con la recreación, el deporte, la salud o la pedagogía, pero siempre desde su especificidad y no desde la improvisación, cuando un docente aborda temas sin la debida formación, incurre en una falta ética, pues engaña —aunque sin mala intención— al estudiante o a la audiencia la que se dirige, al ofrecer información sin rigor ni fundamento, ello no solo debilita su credibilidad, sino que vulnera el derecho de los aprendientes a recibir una educación de calidad.
La ética profesional en la Educación Física exige coherencia entre lo que se dice, lo que se enseña y lo que se domina, el docente debe reconocerse como un formador responsable de las experiencias motrices, cognitivas y emocionales de sus estudiantes, NO se trata de acumular saberes, sino de profundizar en ellos para transformarlos en herramientas de formación integral.
La especialización implica un compromiso con la investigación, la actualización constante y el análisis crítico de la práctica, significa también reconocer los límites del propio conocimiento y tener la humildad de derivar o aprender de otros especialistas cuando un tema excede nuestras competencias, esa actitud, lejos de debilitar, fortalece la ética profesional y dignifica a la Educación Física como campo académico y científico.
Las implicaciones de esta reflexión son profundas: En primer lugar, obligan a repensar los procesos de formación inicial y continua de los docentes de Educación Física, para evitar que se conviertan en replicadores de prácticas sin sentido o modas educativas descontextualizadas, además, requieren una cultura profesional que valore el estudio, la especialización y la colaboración interdisciplinaria desde el respeto y no desde la apropiación.
El compromiso del educador físico es formarse con profundidad, investigar, compartir conocimiento riguroso y contribuir a la consolidación del campo motriz como una ciencia pedagógica sólida, en ese compromiso también está la obligación de actuar con ética, evitando la usurpación de funciones de otras disciplinas y reconociendo el valor de cada campo del saber.
Las obligaciones del docente especializado implican mantenerse actualizado, participar en procesos de certificación y contribuir a la innovación pedagógica desde la base del conocimiento científico y contextualizado, a la par, deben ejercer una autocrítica permanente sobre su práctica, cuestionando si lo que enseñan responde realmente a las necesidades del estudiantado o si solo replica contenidos sin sentido.
Todo docente tiene también el derecho profesional a formarse, especializarse y desarrollarse académicamente con respaldo institucional, es deber del Estado y de las instituciones formadoras ofrecer condiciones para la actualización, la investigación y la colaboración interdisciplinaria, de igual forma, el docente tiene derecho a ser reconocido y valorado por su preparación, y no solo por su capacidad operativa o técnica.
Para terminar la Educación Física mexicana enfrenta un reto ético y epistemológico: dejar de ser un campo fragmentado y asumir su identidad como disciplina del saber motriz, el profesional que pretende enseñar todo, termina dominando nada; en cambio, el que se especializa, aporta con profundidad, sentido y rigor, el compromiso ético del docente no radica en acumular etiquetas, sino en sostener una práctica reflexiva, fundamentada y coherente con la formación que promueve, solo así, la Educación Física podrá seguir consolidándose como un pilar en la formación integral de las personas y como un espacio de pensamiento crítico, humanista y transformador.
Y Recuerden que especializarse no es limitarse: es honrar con rigor el saber motriz que nos da identidad y sentido como educadores.
Héctor Jesús Pérez Hernández
Licenciado en Educación Física, con maestría en Desarrollo de la Motricidad Infantil y candidato a Doctor en Investigación Educativa. Es catedrático de la BENV, miembro de diversas redes de investigación, ha recibido premios por su labor, ha publicado en revistas indexadas y es autor de proyectos educativos destacados.

