Por Carlos Rosales MEXLa invitación del diputado Manuel Zabala Hernández a participar en mesas de trabajo para elaborar un nuevo reglamento que actualice y regule el boxeo como deporte-espectáculo, conforme a las leyes de la nueva Constitución de la Ciudad de México —ya reconocida como el estado número 32—, representaba una oportunidad histórica para dar orden y transparencia a esta disciplina.
Sin embargo, la visita del legislador a las instalaciones del Velódromo, donde recientemente se remodelaron las oficinas de la Comisión de Boxeo, terminó en una lamentable farsa. El diputado fue ignorado por el presidente honorífico y atendido únicamente por el tesorero, quien, junto con otros personajes, orquestó una simulación al presentar a un supuesto representante de manejadores, en realidad un comparsa de vieja data vinculado a los malos manejos de la administración boxística.
La trampa consistió en integrar, de manera selectiva, a personas afines a los intereses de dicho grupo, excluyendo a verdaderos representantes del boxeo capitalino. La reunión, convocada de forma discreta y sin acceso público, violó el principio básico de transparencia y apertura ciudadana, ocultando la participación de la prensa e impidiendo la asistencia de gran parte de la comunidad boxística de la Ciudad de México.
Este proceder resulta aún más preocupante si se considera que el 90% de los boxeadores capitalinos poseen licencias foráneas, reflejo de la corrupción y de la ausencia de certeza jurídica en el ámbito del boxeo local. En dicho encuentro, brillaron por su ausencia las verdaderas personalidades del boxeo con trayectoria y reconocimiento.
Se espera que la próxima convocatoria a mesas de trabajo se realice en un espacio neutral, transparente y con participación abierta, garantizando la voz de todos los sectores involucrados.
No es mucho pedir que, al menos, el presidente de la Comisión de Boxeo de la Ciudad de México reciba el pago correspondiente por desempeñar sus funciones y aplicar las leyes vigentes que regulan este deporte, poniendo fin al limbo jurídico que actualmente aqueja al boxeo capitalino y devolviendo la certeza legal y moral que este noble deporte merece.
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Carlos Rosales. Referente del boxeo profesional en México y en el mundo, hijo del legendario entrenador Pancho Rosales. Con más de tres décadas de trayectoria, ha sido formador y manejador de campeones mundiales como Miguel Ángel González, Germán Torres, Samuel “Guty” Gutiérrez y Armando Castro. Su trabajo en el “Gimnasio Pancho Rosales” lo ha consolidado como un pilar del boxeo capitalino. Reconocido por su ética, disciplina y profundo conocimiento del deporte, ha impulsado propuestas para dignificar y regular el boxeo, defendiendo los derechos laborales, la integridad física y el desarrollo profesional de los boxeadores mexicanos.

