
Por Rafael Guillermo Cortez Ménez
El pasado domingo 8 de febrero, Benito Martínez Ocasio —mejor conocido como Bad Bunny— se presentó en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, regalando un show que dividió opiniones, pero que no dejó indiferente absolutamente a nadie.
“El Conejo Malo” generó un impacto mundial. Más allá del gusto musical, su presentación elevó el orgullo latino a una escala pocas veces vista. Sí, Bad Bunny es puertorriqueño, pero el simbolismo fue colectivo: durante esos minutos, millones de latinos se sintieron representados.
No importó si eras fan o no.
Tacos, salsa, campos agrícolas e incluso niños durmiendo en una cama de sillas, el cual es un evento canónico de cualquier niño latino, fueron algunos de los elementos visuales utilizados para retratar fragmentos de la experiencia latinoamericana en Estados Unidos: trabajo, familia, sacrificio y resistencia. Un mosaico de las distintas realidades, pero todas ellas reconocibles.
Bad Bunny dejó un mensaje claro: ser latino no es una desventaja, es una bendición.
Somos una comunidad trabajadora, familiar, apasionada, resiliente y profundamente humana. Características que hoy parecen incomodar a ciertos sectores políticos, encabezados por Donald Trump, cuyo discurso y políticas migratorias han intensificado redadas, persecuciones y leyes con tintes claramente xenófobos.
En ese contexto, el show tomó otra dimensión.
No fue solo música: fue identidad, fue postura, fue respuesta cultural ante el clima de hostilidad creciente que enfrentan todos los migrantes latinos en Estados Unidos.
A nivel de espectáculo podrá gustar o no el espectáculo que ofreció Benito, pero lo que no es debatible es que es el show que vimos fue uno de los más significativos emocionalmente hablando, debido al contexto actual.
Bad Bunny envió un mensaje directo a quienes hoy viven con miedo en Estados Unidos. Invitó al orgullo, a la resistencia pacífica y a la unidad. Recordó que América, y especialmente, Latinoamérica no es solo una región: es una fuerza cultural que no se puede delimitar con fronteras, ya que, la cultura es tan fuerte que a donde quiera que vaya, echa raíces y contagia a todos y todo lo que este cerca.
Hoy, el Super Bowl logró algo poco común: mantener a toda América —sí, toda— conectada por un mismo mensaje en tiempos de polarización.
Porque al final, como dijo el propio artista:
“Lo único más poderoso que el odio es el amor.”
Y mientras Latinoamérica permanezca unida, ninguna adversidad podrá borrarnos.
Aunque lo intenten
Rafael Guillermo Cortez Ménez
Egresado de la carrera de Derecho y actualmente estudio la Maestría en Periodismo Deportivo. Soy un amante del deporte y creo en su poder para contar historias que inspiran, cuestionan y unen. Busco combinar el análisis y la pasión para comunicar el deporte con profundidad, claridad y respeto por quienes lo hacen posible.

