Vida saludable y su abordaje en la Educación Física: implicaciones del docente en la educación básica

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Por Héctor Jesús Pérez Hernández

Hablar de vida saludable en el contexto de la educación básica implica mucho más que promover actividad física o sugerir hábitos de higiene, en realidad, nos exige comprender la salud como una construcción integral que atraviesa la corporeidad, las emociones, la convivencia, la cultura motriz y el sentido de bienestar que cada estudiante desarrolla a lo largo de su trayectoria escolar, desde esta perspectiva, la Educación Física no puede reducirse a un espacio de movimiento; debe convertirse en un escenario privilegiado para formar conciencia corporal, regular emociones, valorar el cuidado personal y desarrollar estilos de vida acordes con las necesidades sociales del presente.

Sin embargo, abordar la vida saludable desde la clase de Educación Física demanda un docente que trascienda la visión tradicional centrada en lo físico y lo deportivo, en la práctica docente se implementa como un proceso profundo y contextualizado que permite conocer en profundidad las necesidades, barreras y recursos de salud del alumnado, esto implica asumir que la salud no es un estado, sino un proceso formativo que se construye en cada experiencia motriz, en cada interacción social y en cada decisión pedagógica que favorece el autoconocimiento y el autocuidado, es necesario entonces situar la salud en la motricidad con enfoque educativo y salutogénico: no se trata de imponer ejercicios, sino de generar experiencias significativas que permitan al estudiantado comprender su cuerpo, disfrutar el movimiento y reconocerse como sujetos capaces de cuidar de sí y de los otros.

Desde el enfoque salutogénico en el que la perspectiva de la salud es más amplia, se atiende también a factores sociales y mentales, los cuales incluyen lo afectivo, lo emocional e, incluso, lo espiritual, las implicaciones de este enfoque son profundas, en primer lugar, nos exige superar la lógica instrumental donde la vida saludable se ve como un contenido complementario o como una simple recomendación, por el contrario, debemos integrarla al corazón de la sesión, a la planificación y al sentido pedagógico que orienta la intervención. Promover vida saludable no se limita a decir “muévete” o “come bien”; requiere generar conciencia motriz, fomentar la autonomía, promover decisiones informadas y construir hábitos que se traduzcan en bienestar personal y colectivo, esto demanda un docente reflexivo, crítico y capaz de contextualizar sus estrategias de enseñanza a la realidad socioemocional de cada grupo.

En segundo lugar, abordar la vida saludable nos obliga a reconocer que la Educación Física contribuye directamente a la formación integral que propone la Nueva Escuela Mexicana, la salud se vincula con la identidad, la igualdad, la convivencia, la inclusión y la ciudadanía, por ello, la sesión debe abrir espacios para dialogar sobre emociones, para regular la intensidad del movimiento, para comprender señales corporales, para valorar el descanso, la hidratación, el autocuidado y la seguridad personal, todo ello convierte al docente en un mediador de experiencias que integran cuerpo, mente y emoción, superando así la visión técnica que durante años redujo la asignatura a lo meramente corporal.

Este enfoque también conlleva compromisos esenciales, el primero es la actualización continua: un docente que argumenta y fundamenta el concepto de vida saludable debe conocer los avances en motricidad, neurociencia, salud escolar, bienestar socioemocional y características del desarrollo humano, el segundo compromiso es la coherencia ética: no podemos promover salud si nuestras prácticas reproducen estereotipos, exclusiones o actividades que ponen en riesgo la integridad física o emocional del estudiantado, la vida saludable se enseña desde la práctica, pero también desde la mirada pedagógica, el trato humano y la sensibilidad profesional.

Junto a los compromisos, emergen las obligaciones inherentes a la profesión, somos responsables de planear sesiones que integren el bienestar como eje transversal, de diseñar actividades inclusivas que respeten ritmos individuales, de evaluar no solo el desempeño motriz sino la comprensión del autocuidado, también tenemos la obligación de promover ambientes seguros, de detectar riesgos, de orientar al estudiantado con información clara y confiable, y de construir —junto con la comunidad escolar— una cultura que valore el movimiento como recurso para vivir mejor, estas obligaciones no son negociables, pues constituyen la esencia ética que distingue al educador físico como profesional de la salud educativa.

Pero así como tenemos compromisos y obligaciones como especialistas en Educaicón Física, también contamos con derechos, por ejemplo a formarse en temas de salud escolar, a recibir materiales, espacios y condiciones dignas para desarrollar prácticas seguras, a ser reconocido como un actor clave en la promoción del bienestar infantil y juvenil, también el especialista tiene derecho a participar en redes profesionales, a incidir en proyectos de salud comunitaria y a que su trabajo sea valorado en la misma medida que su impacto en la formación integral, promover vida saludable no puede depender únicamente de la voluntad individual: las instituciones deben garantizar que el docente cuente con recursos, protección y acompañamiento para hacerlo posible.

Por lo tanto, la vida saludable no es un contenido; es una responsabilidad formativa, un horizonte ético y un compromiso pedagógico que atraviesa toda la intervención del docente de Educación Física en la educación básica, solo cuando asumimos esta tarea con profundidad, reflexión y fundamento podemos afirmar que estamos formando generaciones capaces de cuidar de sí, de los otros y de su entorno. La Educación Física tiene un papel decisivo en esta misión: somos formadores de bienestar, constructores de conciencia corporal y mediadores de experiencias que dan sentido al movimiento humano como forma de vida.

Síntesis curricular

Héctor Jesús Pérez Hernández es Licenciado en Educación Física, con maestría en Desarrollo de la Motricidad Infantil y candidato a Doctor en Investigación Educativa. Es catedrático de la BENV, miembro de diversas redes de investigación, ha recibido premios por su labor, ha publicado en revistas indexadas y es autor de proyectos educativos destacados.

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