
Por César Pólit Ycaza
Los clubes constituyen, en esencia, el núcleo fundamental de todo sistema
deportivo nacional, pues a través de ellos se organiza y desarrolla el deporte de
acuerdo a la naturaleza y especialidad que cada uno de ellos adoptan para el
cumplimiento de sus fines fundacionales.
Son, en términos generales, una conjunción de personas que deciden
organizarse en torno a objetivos comunes para la práctica de una o varias
modalidades deportivas con observancia de las normas legales y estatutarias
que regirán sus organizaciones, y de las reglas de juego de los respectivos
deportes o disciplinas.
Surgimiento de los clubes
La historia del surgimiento de los clubes deportivos se remonta a Inglaterra,
donde durante la segunda mitad del siglo XVIII aparecieron los primeros,
extendiéndose en el siglo XIX a otros países europeos y los Estados Unidos.
Fueron considerados, al igual que otros tipos de clubes que surgieron en esa
época, como “asociaciones libres de hombres”.
Pero es, a finales del siglo XIX, que pasaron recién a formar parte de la
jerarquización del deporte moderno, bajo formas de asociación específicas que,
debidamente articuladas, coadyuvaron a fortalecer la institucionalidad deportiva
existente. El club deportivo más antiguo del mundo se fundó en 1857: Sheffield
Football Club.
Con la articulación de esa estructura jurídico-deportiva, expresada a través de
un régimen federativo de adscripción nacional e internacional, paulatinamente
profesionalizada, los clubes ganaron en importancia y comenzaron a contribuir
al surgimiento de otras organizaciones deportivas como las asociaciones y
federaciones.
Tras su consolidación institucional y la fundación del COI el 23 de junio de
1894, comenzaron a surgir también las primeras FI en Europa, las que tendrían
la responsabilidad de reglamentar los diferentes deportes y dotarlos de una
estructura orgánica y funcional.
Surgimiento de las Federaciones Internacionales
La primera FI en fundarse fue la entonces denominada Unión Internacional de
Carreras de Yates, creada en 1875, que en la actualidad se la conoce por sus
siglas en inglés como ISAF y cuyo nombre comercial es World Sailing.
Seguidamente, la Federación Internacional de Sociedades de Remo. Después
de ella, en Lieja (Bélgica), se fundó la de Gimnasia (FIG), en 1881, bajo la
denominación de Federación Europea de Gimnasia.
La Unión Ciclista Internacional (UCI) fue fundada en 1900, en París, después
de la realización de los Juegos Olímpicos que se efectuaron en la capital
francesa; y, en 1904, en esa misma ciudad, se fundó la FIFA, con posterioridad
a la creación de la Asociación Inglesa de Fútbol, pionera en establecer reglas
para un deporte y determinante para influenciar en el surgimiento de las FI.
En 1905 se fundó la Federación Internacional de Halterofilia, conocida por sus
siglas en inglés como IWF; en 1908, se fundó la FINA, denominada
actualmente World Aquatics. El 17 de julio de 1912, en Estocolmo, posterior a
la clausura de los Juegos Olímpicos que realizados en esa capital, se fundó la
Federación Internacional de Atletismo Amateur (IAAF), actualmente conocida
como World Athletics. En 1913, en París, se fundó la Federación Internacional
de Tenis, conocida por sus siglas en inglés como ITF, cuya sede actual es
Londres.
Los “clubes de papel”
Todos aquellos clubes que no realizan una actividad deportiva de carácter
permanente o solo existen como meras ficciones legales, generalmente
creados para la cooptación de asociaciones y federaciones, son los que se
conocen en el argot popular ecuatoriano como “clubes de papel”, responsables
de atentar contra el debido funcionamiento de su sistema deportivo. De hecho,
Ecuador es el país donde existe el mayor número de ellos, al ser su santuario
natural.
Su poder dirimente en los procesos eleccionarios de las asociaciones y
federaciones es lo que vuelve atractiva su constitución para los dirigentes que
buscan apoderarse de ellas. Para cooptarlas no reparan en forjar documentos,
informes y programas de entrenamiento, muchas veces con la complicidad de
los funcionarios encargados de su aprobación y registro. Es un negocio
lucrativo, tanto para los contratados para su creación y registro como para los
contratantes.
Suelen ser creados en la víspera de las elecciones de las organizaciones
deportivas con la única y proterva finalidad de que sus promotores puedan
apoderarse o colocar en ellas a sus amigos o allegados, incluso a personas
cercanas al poder político. Luego de alcanzar su objetivo entran en un proceso
de hibernación que dura hasta cuando se realice la próxima elección o
asamblea. En todo ese tiempo no desarrollan ninguna función en beneficio del
deporte y del propio club, ni siquiera se reúnen sus socios y directivos.
Su proliferación en el Ecuador
Con la expedición, el 3 de junio de 2010, de una ley del deporte concebida para
aupar el intervencionismo y la cooptación de organizaciones deportivas, se
crearon las condiciones necesarias para la proliferación de los “clubes de
papel” en Ecuador. Sus vicios y sesgos estuvieron orientados, desde un
principio, a viabilizar que sus autoridades lleguen a apoderarse de su botín más
preciado: las FN y el COE.
Fue, sin duda, una ley farragosa que sólo sirvió para expresar un proyecto
político disfrazado de revolución deportiva, cuyo fracaso se presagió al poco
tiempo de anunciado. Lo único que les interesó a sus promotores fue expedir
una ley que favorezca la instrumentalización política del deporte y la cooptación
de sus más importantes organizaciones, lo cual conspiró contra las
necesidades de transformación del deporte ecuatoriano y la autonomía de
ellas.
Para viabilizar su despropósito, los asambleístas aliados del Gobierno de
entonces modificaron la integración de las FN, antes conformadas por las
asociaciones provinciales, estableciendo que sus asambleas pasarían a
conformarse por un mínimo de cinco clubes formativos y/o de Alto Rendimiento.
A estos últimos se les asignó el 70% del total de los votos, mientras que a los
formativos el restante 30%. Dichos porcentajes eran divisibles equitativamente
entre los clubes participantes en cada asamblea.
Su entrada en vigencia demandó en sus disposiciones transitorias que todas
las organizaciones debían adecuar sus estatutos a la nueva ley, en un plazo
perentorio, lo que incluía la nueva forma de integrar sus asambleas. De ese
modo, la relación de pesos y contrapesos cambió abrupta y diametralmente,
por lo que quedaron expuestas a la maquinaria gubernamental que se había
preparado para crear los clubes y apoderarse de ellas.
La meta inicial fue crear los clubes para regularizar y tomarse las 45 FN
existentes y, de ese modo, disponer de una mayoría de votos para
posteriormente hacerlo con el COE. Para ello se recurrió a dirigentes cercanos
o afines al ministro que lideró el proceso. Antes, esa Cartera de Estado había
intervenido 40 FN, al declarar previamente su acefalía y defenestrar a sus
directivos, so pretexto de no contar con el mínimo de clubes exigidos.
Consumada la intervención de las 40 FN se inició el proceso de regularización
de todas ellas, mediante la participación de los “clubes de papel” que se habían
creado y que debían elegir a sus nuevos directorios. Regularizadas las FN y
contando con directivas reconocidas por el ministerio del deporte, varias de
ellas cuestionadas por sus anteriores directivos y los que se encontraban al
frente del COE, el camino para tomarse esta organización quedó expedito.
Finalmente, esa elección se dio sin contratiempos, pero quedó manchada por el
abuso del poder y de quienes fungían como directivos o dueños de los “clubes
de papel”.
Con ello se cerró una de las páginas más vergonzosas de la historia del
deporte ecuatoriano, en la que los “clubes de papel” fueron los grandes
protagonistas y responsables de que los funcionarios gubernamentales que
promovieron su creación se tomaran por asalto las FN y el COE. Sin embargo,
dicha práctica se mantiene vigente hasta la actualidad, pues sigue siendo la
mejor manera de apoderarse de las organizaciones deportivas o de
permanecer en ellas. La farsa continúa
Dado el éxito e impacto alcanzado por los “clubes de papel”, en el periodo
mencionado, los relevos dirigenciales volvieron a recurrir a ellos para asegurar
su presencia en las FN. Para ello se registró un importante nivel de complicidad
de los funcionarios ministeriales, cuando incluso hubo estudios jurídicos
vinculados a esas prácticas funcionarios y cercanos a ellos.
La farsa es evidente, pues en su gran mayoría carecen de sede administrativa y
canchas, socios aportantes, entrenadores, cuentas bancarias, empleados,
implementos deportivos, presencia en redes sociales, patrocinadores. Sin
embargo, ante la indolencia y complicidad ministerial, todos obtuvieron su
personería jurídica y registro. Son clubes ficticios y de membrete, cuyos atletas,
entrenadores, promotores y directivos no volverán a saber de ellos por mucho
tiempo o quizás nunca más.
No se explica cómo el ente rector puede mantener vigente el registro de clubes,
cuyos directorios jamás se reúnen y con deportistas que casi nunca compiten
en su representación, o que ni siquiera viven en el Ecuador. Sus nombres les
fueron referidos para poderse constituir legalmente y simular que van a
desarrollar una actividad deportiva real y sostenible. Cabe preguntarse,
entonces, dónde está la supervisión gubernamental. Esa tolerancia y
complicidad fueron determinantes para que Ecuador llegue a convertirse en un
santuario de “clubes de papel”.
La crisis que vive el deporte ecuatoriano es evidente y atribuible, en gran parte,
a los “clubes de papel” que se crean para ganar elecciones en las FN, los que
posteriormente dan lugar a procesos amañados e impugnaciones. Como
consecuencia de ello se produce su acefalía, causal que será invocada por el
ministerio sectorial para intervenirlas, con lo que el deporte se paraliza y ellas
quedan inmersas en un limbo jurídico.
Para corroborarlo, basta mencionar que actualmente existen 12 FN
intervenidas, 7 con elecciones apeladas o con directorios que no han sido
reconocidos por sus FI, y dos desafiliadas del COE. Cabe cuestionarnos, pues,
cómo es posible que el deporte ecuatoriano con tantos clubes registrados no
desarrolla una actividad permanente y digna de destacar, que no sea la que sus
grandes deportistas, mediando sus sacrificios y dedicación, realizan
exitosamente.
Los “clubes de papel” en el tenis ecuatoriano
Uno de los últimos y más sonados casos de participación de “clubes de papel”
se dio en el tenis, cuando tres de ellos fueron creados en febrero de 2025 para
ganar una elección que tenía perdida el presidente saliente de su FN, tanto fue
así que se vio forzado a suspender la convocatoria a elecciones que realizó
para diciembre de 2024, por no contar con la mayoría de votos.
Para ello no importó que se venciera el plazo de ley para realizar la asamblea
electiva, puesto que lo prioritario era crear los tres “clubes de papel” que les
aseguren la victoria. A mediados de enero ingresaron el respectivo trámite al
ministerio del deporte, consiguiendo su aprobación exprés el 7 de febrero. Los
clubes lo presidían nada menos que los candidatos a presidente y
vicepresidente de esa federación, y el vicepresidente de la misma, en ese
entonces.
Siguiendo el libreto prestablecido, tres días después, el todavía presidente de
esa FN convocó a sesión extraordinaria de directorio para resolver su afiliación,
a efectos de habilitarlos a intervenir en las elecciones. Por irregularidades en el
procedimiento de afiliación, la aprobación de la misma fue apelada y, como
consecuencia de ello, el derecho de participación de dichos clubes quedó en
suspenso.
Al no contarse con los tres “clubes de papel” se perdió la mayoría
tramposamente alcanzada, por lo que su presidente volvió a suspender la
segunda convocatoria efectuada para el 28 de febrero, esta vez aduciendo
causas de “fuerza mayor”. Sin posibilidades de ganar las elecciones dejó
transcurrir el tiempo hasta que finalice su mandato, en su velado deseo de que
el ministerio del deporte declare la acefalía, intervenga esa federación y realice
posteriormente las elecciones a su conveniencia.
La intervención finalmente se dio, sin importar para ello vulnerar la potestad
legal del Comité Olímpico Ecuatoriano de convocar a elecciones, dentro de los
30 días posteriores al vencimiento del respectivo mandato. Era obvio que se
buscaba que el ministerio tome el control de la federación, habilite a los “clubes
de papel” y convoque a elecciones con mayoría asegurada. Finalmente, el COE
y la interventora ministerial convocaron a elecciones en mayo, pero en
diferentes fechas.
En el caso de la asamblea convocada por el COE, esta se realizó y no registró
impugnación alguna, por lo que la directiva electa fue reconocida por dicho
organismo y notificada a los organismos internacionales. La convocada por la
interventora también se realizó y tuvo la prevista participación de los tres
“clubes de papel”, pese a mediar una orden judicial que dispuso el
levantamiento de la intervención y, consecuentemente, la cesación de sus
funciones.
Dado el flagrante desacato a la orden judicial y la participación irregular de los
“clubes de papel”, la asamblea convocada por la interventora fue apelada. Sin
embargo, ella procedió a registrar su directiva ante el ministerio, en un trámite
que increíblemente sólo duró un día, y en cual ella certificó que no se habían
presentado apelaciones a su asamblea. De hecho conocía que los recursos
interpuestos suspendían ipso facto los resultados de sus elecciones y, en razón
de ello, no podía registrarlos.
Como en Derecho corresponde, la interventora fue denunciada por la vía penal,
por su desacato a la orden judicial. Además, ante Acción de Protección
presentada por la vulneración de los derechos constitucionales de los
apelantes, la respectiva jueza ordenó al ministerio sectorial suspender el
registro del directorio ante él efectuado por la interventora, hasta que se
tramiten las apelaciones interpuestas.
Dado el nivel de complicidad de los funcionarios de ese ministerio, incluida la
interventora, siguen desatendidas las resoluciones judiciales y apelaciones; y,
lo que es más, los directivos ilegalmente electos y sin reconocimiento
internacional y del COE continúan apoderados de la sede administrativa de la
Federación Ecuatoriana de Tenis. Increíble que en Ecuador se violen flagrante
y vergonzosamente sus leyes y resoluciones judiciales, por parte de quienes
ejercen la función pública, en el marco de la impunidad que muchos de ellos
han construido.
Lo sucedido en el tenis ecuatoriano es deplorable, pues su indiscutido prestigio
y legado nunca debieron ser manchados por tantas irregularidades como las
antes referidas, que sólo buscaron satisfacer egos personales y permitir que
tres
“clubes de papel” decidan el futuro de su federación. Eso parece no importarles
a quienes se tienen tomada su federación, por lo que no sorprende que uno de
sus abogados aseverase con total desparpajo, en una comparecencia judicial,
que esos no son “clubes de papel” sino de “carne y hueso”. ¿Cuál será la carne
y cuál será el hueso?
Del ministerio poco o mucho que decir, después de que su viceministro de
deportes fuera cesado en el cargo, días atrás. Es lamentable que Ecuador no
haya podido contar con un solo ministro con la preparación y experiencia
requeridas para ejercer esas complejas funciones. El balance de la gestión de
todos ellos ha sido pobre, en unos casos más que otros, pero esa
responsabilidad no fue sólo de los ministros sino también de quienes los
designaron. Ello explica la paradoja de por qué Ecuador se convirtió en un país
con ministerio del deporte, pero sin ministros.
Los hechos mencionados no dejan duda de que los “clubes de papel” subsisten
y cumplen un rol “preponderante” en el deporte ecuatoriano, particularmente en
sus procesos eleccionarios, gracias a que han existido y siguen existiendo
ministros y funcionarios que los han promovido. Ellos son los grandes
responsable de tantas federaciones intervenidas y con directorios impugnados,
y de la llegada de dirigentes improvisados y ávidos de satisfacer su interés
personal o cumplir innobles consignas.
Conclusión
Ecuador requiere fortalecer su institucionalidad deportiva y lo deberá hacer a
partir de la expedición de una nueva ley sectorial que lo favorezca y privilegie la
existencia de un Estado facilitador, cooperante y cumplidor de sus obligaciones.
Y, sobre todo, que haga posible la depuración de su sistema deportivo,
comenzando por la desaparición de sus “clubes de papel” y de todas las
organizaciones que no cumplen un rol relevante, pero que dilapidan sus
recursos.
De igual modo, deberá establecer condiciones de elegibilidad más exigentes
para optar a la dirigencia deportiva y priorizar la buena gobernanza de sus
organizaciones deportivas. Los clubes son el núcleo de todo sistema deportivo,
sea que actúen en los ámbitos del deporte formativo, del Alto Rendimiento o del
deporte profesional. Sin clubes no existirían asociaciones, ligas y federaciones.
La farsa de los “clubes de papel” no puede continuar, si queremos que Ecuador
deje de ser su santuario natural. La lucha es irrenunciable y no admite tregua,
porque el deporte se merece y exige respeto.

César Pólit Ycaza ECU. Destacado especialista ecuatoriano en deporte, licenciado en Ciencias Sociales y Políticas, con una amplia trayectoria en gestión y política deportiva. Ha sido presidente de la Federación Ecuatoriana de Voleibol, secretario nacional del Deporte, directivo del Comité Olímpico Ecuatoriano y secretario de la Federación Ecuatoriana de Tenis. Fue director de la Comisión de Eventos de la Confederación Sudamericana de Voleibol y presidente del Panathlon Club Guayaquil. Es autor del libro Estado y Deporte. Amigos y enemigos íntimos y ha participado activamente en la elaboración de leyes deportivas, promoviendo la ética, la transparencia y el desarrollo institucional.
