
Por Ángel Gutierrez Torrent
Y esta imagen resume exactamente eso.
Fíjate en esto que te cuento.
Cuando entrenas, el cerebro no está mirando cuántas repeticiones haces, ni cuánto sudas, ni lo duro que ha sido el WOD.
Eso le da completamente igual, te lo aseguro.
El cerebro solo entra en modo aprendizaje y adaptación cuando recibe tres señales muy concretas:
– Flujo sanguíneo suficiente.
– Actividad neuronal relevante.
– Señales químicas que vienen del cuerpo.
Si esas señales no aparecen, no hay cambio cerebral real, da igual que entrenes mucho.
¿Cuáles son las fuentes de donde provienen esas señales?
> Del músculo. Porque no es solo mecánica.
Piensa que cuando se contrae de cierta forma, libera lactato e irisina, mensajes que le dicen al cerebro “esto merece generar adaptación”.
> Del hígado, que actúa como regulador de señales.
Libera moléculas como β-HB e IGF-1 que facilitan la producción de BDNF, y el ejercicio cambia cómo se gestiona el triptófano, evitando señales que perjudican al cerebro y favoreciendo rutas que no interfieren con la plasticidad.
Todo eso hace que ↑ BDNF.
Y BDNF es plasticidad, aprendizaje y adaptación estructural del cerebro.
Sin BDNF no se consolidan aprendizajes, ni se refuerzan sinapsis…
Y, encima, el sistema se vuelve más frágil.
Así que quédate con esto:
No te obsesiones con entrenar más. Pon primero tu energía en diseñar entrenamientos que generen señales eficientes.
Ahí es donde haces que el entrenamiento deje de ser un 3×10 y empiece a convertirse en ingeniería de adaptación.
Y para aprenderlo, empieza por nuestras newsletters (link en bio):@resistanceinstitute
Ángel Gutiérrez Torrent. Especialista en Ejercicio es Medicina (ACSM), Experto en Adulto Mayor y Fundador de Fitness Experience – FE Inc.
