El deporte como política pública. Segunda parte.

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II. ¿A quién le conviene que el desorden continúe?

El desorden que conviene

(Segunda de tres columnas)

Trilogía editorial
Cinthya Domínguez

En la columna anterior planteé una idea incómoda pero necesaria: en México no falta talento deportivo, falta sistema. Hoy la pregunta ya no puede esquivarse: ¿por qué ese sistema no existe y quién gana cuando el desorden se vuelve permanente?

Porque el desorden no es un accidente. Cuando se sostiene y se normaliza, suele ser funcional para alguien.

Un sistema fragmentado
México no carece de instituciones deportivas; tiene demasiadas. El problema es que operan sin coordinación real, con atribuciones poco claras y, muchas veces, compitiendo entre sí. El resultado no es pluralidad, es fragmentación.

Cuando nadie tiene responsabilidades claramente definidas, nadie rinde cuentas. Y sin rendición de cuentas, el sistema se convierte en terreno fértil para la improvisación y la simulación.

La burocracia que sobrevive al atleta
El ciclo político dura seis años. El ciclo deportivo, décadas. Sin embargo, el primero casi siempre se impone sobre el segundo. Programas que nacen sin diagnóstico y mueren sin evaluación; procesos que se interrumpen justo cuando deberían consolidarse.

Mientras tanto, la burocracia permanece. El atleta pasa. El entrenador resiste. El funcionario se queda.

El alto rendimiento como escaparate
Cuando el deporte se usa como vitrina política, el interés no está en construir base, sino en mostrar resultados rápidos. Las medallas se convierten en narrativa, no en consecuencia de un proceso.

Por eso se apoya a pocos atletas visibles mientras se debilita la estructura que debería sostenerlos. El sistema no está diseñado para durar; está diseñado para lucir.

Federaciones sin contrapesos
La falta de evaluación y supervisión reales permite que muchas federaciones operen durante años sin indicadores claros de desarrollo ni consecuencias ante malos resultados estructurales. No todo es falta de recursos; muchas veces es falta de rumbo.

¿Quién pierde?
Pierden los atletas que abandonan antes de tiempo.
Pierden los entrenadores que trabajan sin certeza laboral.
Pierden las comunidades donde el deporte podría ser prevención, salud y cohesión social.
Pierde el país, que sigue apostando al talento individual en lugar del desarrollo colectivo.
Y lo más grave: se pierde confianza.

¿Quién gana?
Ganan quienes operan en la opacidad.
Ganan quienes no son evaluados.
Ganan quienes usan el deporte como discurso, no como política pública.

El desorden protege a quienes no quieren reglas claras, procesos largos ni resultados medibles.

Conclusión
El desorden no es neutro. Tiene beneficiarios claros y costos profundos. Mientras el sistema permanezca fragmentado, sin reglas, sin evaluación y sin responsabilidades definidas, el deporte seguirá funcionando para unos cuantos y fallando para la mayoría.

Ordenar implica poner límites, asumir responsabilidades y aceptar consecuencias. Y eso, en el deporte mexicano, sigue siendo lo más difícil.

En la tercera columna, el análisis deja de describir el problema y asume el reto mayor: decidir qué debe cambiar para que el deporte deje de resistir y se convierta, de una vez por todas, en el sistema que México sí puede y debe construir.

#ElDeporteNoDescansa #DeporteConSistema #ModeloDeportivo #DeporteEnMéxico

Cinthya Domínguez – Ex atleta de halterofilia, medallista mundial y especialista en gestión deportiva.📧 Contacto: logisticadeportivacd@gmail.com
📱 Instagram: @Ziinthyya1
📘 Facebook: Zinthya Domínguez Dfigueroa

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