Ética y respeto en la cancha

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Por Antonio Juarez. Escritor 

Esta vez trataré un asunto de compromiso ético para los futbolistas del llano y los profesionales de este deporte.

Yo jugué futbol desde los 10 años de edad hasta mis 45, cuando me lastimé la rodilla accidentalmente en pleno juego en un campo de pasto, al pisar un hoyo mientras caminaba, no en una jugada. De inmediato se me hinchó la rodilla y, a la media hora, me enyesaron.

Una ocasión viví una anécdota que quiero compartir, y es la siguiente:

Un día, cuando tenía yo alrededor de 30 años, me fui a jugar un partido de liga formal. Yo era defensa central y capitán del equipo. En una jugada, un contrario fauleó fuertemente a un compañero. El árbitro llamó al infractor y le mostró la tarjeta roja directa. Varios jugadores del equipo contrario se le echaron encima al árbitro con palabras groseras, insultos y ademanes poco civilizados.

Se fueron calmando los ánimos y seguimos jugando. Terminó el encuentro, ganando nosotros 1-0 por el cobro del penalti marcado. Sin embargo, varios jugadores seguían reclamándole al árbitro. Uno de ellos le dijo que arbitraba muy mal, que no era para expulsión la falta cometida por el jugador sancionado.

Entonces el árbitro le respondió:
—Viera usted qué difícil es arbitrar. Muchas veces uno ve una jugada violenta y duda en una fracción de segundo sobre el tamaño de la sanción. Uno se equivoca o determina correctamente. Ustedes quieren que yo sea perfecto en mi trabajo y me reclaman; yo no les digo nada cuando tiran a la portería y vuelan el balón, o fallan un pase, o cabecean y entregan el balón a un contrario. Pero quieren que yo sea perfecto. Lo que deben considerar es que yo represento a la autoridad, soy el juez en el campo, y los jugadores deben comportarse como tales. No deben reclamar indisciplinadamente mis decisiones. Tanto jugadores como árbitros tenemos la obligación ética de comportarnos con respeto en el deporte.

Eso ocurrió en el año de 1973.

Hoy día, en 2025, en todo el mundo los jugadores profesionales reclaman sin ningún derecho de hacerlo, airada y groseramente, a los árbitros. No respetan la autoridad arbitral, y los niños y jóvenes ven esas conductas y las imitan en los campos llaneros.

Reflexionen, jugadores profesionales de futbol: si quieren que no los amonesten o expulsen, jueguen limpio, jueguen con ética deportiva.

Los jugadores violentos no tienen preparación deportiva ni inteligencia emocional.

Los saluda,
Antonio Juárez.Escritor.

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