Hablar de conciencia motriz en el marco de la Nueva Escuela Mexicana no es un mero tecnicismo ni una moda pedagógica: es reconocer que el cuerpo y la acción motriz son lenguajes, territorios de experiencia y construcción de identidad. En la Educación Física, generar conciencia motriz implica que el estudiante deje de ser un ejecutor mecánico de movimientos para convertirse en un sujeto que se reconoce en su cuerpo, que reflexiona sobre su manera de moverse, que comprende las implicaciones de su motricidad en la salud, en la convivencia y en su relación con el mundo.
Las sesiones de Educación Física deben trascender la lógica tradicional de “actividad física por actividad física” y orientarse hacia procesos en los que los niños y adolescentes aprendan a sentir, analizar y resignificar su movimiento, por ejemplo: una carrera no es solo velocidad; es también autoconocimiento, resistencia, esfuerzo, regulación de la energía, así como un juego de cooperación no es únicamente coordinación grupal; es también construcción de confianza, reconocimiento de la otredad y negociación de reglas. Generar conciencia motriz es precisamente abrir estos significados, ampliar la mirada y enseñar que moverse es también pensar, sentir y transformar.
Las implicaciones de este enfoque son profundas, se exige al profesorado de Educación Física abandonar la visión reduccionista de su práctica como simple descarga de energía, para asumir la sesión como un espacio de formación integral, esto significa planear actividades que permitan no solo ejecutar, sino también reflexionar; que integren la experiencia corporal con el diálogo, la observación crítica y la valoración de la diversidad de formas de moverse, es asumir que el juego, la exploración, la experimentación y la resolución de problemas motrices son medios para que el alumnado adquiera no solo habilidades físicas, sino también conciencia de sí y de su lugar en la comunidad.
Los compromisos que derivan de esta tarea son igualmente claros: debemos diseñar experiencias motrices que favorezcan la autonomía, que permitan al alumnado tomar decisiones sobre cómo moverse, por qué hacerlo y qué efectos genera, nos comprometemos a integrar la inclusión como principio, a valorar las diferencias motrices no como deficiencias, sino como expresiones singulares de cada persona, por lo que nuestro compromiso es también ético: garantizar que cada estudiante, sin importar su condición física o social, pueda reconocerse en su movimiento y encontrar en él un medio de expresión legítimo.
Las obligaciones del profesorado son ineludibles: planificar con intencionalidad, evaluar no solo el rendimiento sino la comprensión motriz, mediar en situaciones de exclusión o burla y propiciar un ambiente de respeto y cuidado. La conciencia motriz no se genera en un clima de presión o estandarización, sino en un entorno que permita explorar, equivocarse y aprender, por ello, la obligación de mantenernos actualizados, de apropiarnos de metodologías activas como la ludomotricidad, el aprendizaje basado en el juego, el aprendizaje colaborativo y cooperativo, el aprendizaje basado en retos, entre otras, asi tambien el enfoque dinámico e integrado de la motricidad, es parte esencial de nuestra labor.
Pero a la par de estas obligaciones, debemos también reivindicar nuestros derechos como profesionales de la educación física, tenemos derecho a recibir formación continua que nos prepare para generar conciencia motriz con fundamentos científicos y pedagógicos sólidos; derecho a contar con condiciones dignas de trabajo, espacios adecuados y materiales suficientes; derecho a que nuestra labor sea reconocida como esencial en la educación integral y no como un accesorio curricular, y, sobre todo, derecho a ejercer libertad pedagógica para innovar y proponer, siempre desde un marco ético y responsable.
En conclusión, generar conciencia motriz en la Educación Física es una tarea urgente y necesaria si realmente queremos una Nueva Escuela Mexicana que forme sujetos críticos, autónomos y comprometidos con su comunidad, debemos de transitar del movimiento a la acción motriz y no puede seguir siendo visto como algo accesorio: es el punto de partida para educar seres humanos más conscientes de sí mismos y de los otros, como docentes, tenemos la obligación de asumir este reto con seriedad, pero también el derecho de exigir el respaldo necesario para cumplirlo, porque al final, formar conciencia motriz es formar conciencia social.

Héctor Jesús Pérez Hernández
Licenciado en Educación Física, con maestría en Desarrollo de la Motricidad Infantil y candidato a Doctor en Investigación Educativa. Es catedrático de la BENV, miembro de diversas redes de investigación, ha recibido premios por su labor, ha publicado en revistas indexadas y es autor de proyectos educativos destacados.
