La industria del deporte: la economía que muchos aún no comprenden

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Durante años el deporte ha sido observado desde una óptica limitada: competencia, espectáculo, entretenimiento o, en el mejor de los casos, política pública social. Sin embargo, los datos duros vuelven a colocar al deporte en el lugar que realmente le corresponde: como una de las industrias económicas más relevantes del presente y, sobre todo, del futuro inmediato.

De acuerdo con un informe presentado por el World Economic Forum, en colaboración con la consultora Oliver Wyman, y retomado recientemente por el medio especializado IUSPORT, la industria global del deporte podría alcanzar ingresos cercanos a los 8.8 billones de dólares hacia el año 2050, partiendo de una base estimada en alrededor de 2.3 billones de dólares en 2025. Es decir, el deporte no solo crecerá: cuadruplicará su valor económico en apenas 25 años.

Este dato, por sí solo, debería obligar a gobiernos, instituciones deportivas, universidades y actores del sector a replantear su visión estratégica. El deporte dejó de ser un rubro accesorio; hoy es un motor económico transversal que impacta turismo, salud, tecnología, educación, infraestructura, medios de comunicación y finanzas.

El informe identifica claramente los sectores que conforman esta gran industria. Por un lado, el núcleo tradicional: el deporte profesional y de alto rendimiento, el deporte participativo, la actividad física organizada, los bienes deportivos y el turismo deportivo, que ya representa uno de los segmentos de mayor valor económico a nivel global. Por otro lado, se encuentran las industrias conectadas: retransmisiones, plataformas digitales, videojuegos deportivos, apuestas reguladas, nutrición, tecnología, wearables y servicios especializados.

Uno de los puntos más relevantes del análisis es que el crecimiento proyectado no se concentra únicamente en las grandes ligas o en los países históricamente dominantes. El informe señala que las economías emergentes de América Latina, África y Asia jugarán un papel determinante en la expansión del mercado deportivo, tanto en consumo como en producción de talento, eventos y modelos de negocio.

No obstante, el mismo estudio advierte riesgos que no pueden ignorarse. El primero es la disminución de la actividad física en la población mundial, un fenómeno que, de no revertirse, puede debilitar la base misma del ecosistema deportivo. El segundo es el impacto del cambio climático, que ya afecta calendarios, sedes, infraestructura y costos operativos de eventos deportivos en todo el mundo. De no atenderse, estos factores podrían comprometer hasta 1.6 billones de dólares del crecimiento esperado.

El mensaje es claro: el futuro económico del deporte no depende únicamente del espectáculo, sino de políticas públicas sólidas, inversión inteligente, profesionalización del sector, sostenibilidad ambiental y una comprensión integral del deporte como sistema. El auge del deporte femenino, el crecimiento del turismo deportivo y la entrada del deporte como activo financiero son oportunidades reales, pero requieren gobernanza, visión y planeación.

Para países como México, este tipo de estudios no deben verse como información lejana o aspiracional. Son una alerta estratégica. Quien no entienda hoy el valor económico, social y estructural del deporte, quedará fuera de una de las industrias más dinámicas del siglo XXI.

En El Deporte No Descansa insistimos: el deporte no es un gasto, es inversión; no es improvisación, es planeación; no es ocurrencia, es política pública y estrategia económica. Los números ya lo confirmaron. La pregunta es quiénes están listos para actuar en consecuencia.

Fuente: World Economic Forum – Oliver Wyman, información retomada y difundida por IUSPORT.

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