
Por Aldo Rodríguez
El astro portugués Diogo Jota falleció en un accidente automovilístico junto con su hermano André Silva en la madrugada del pasado 3 de julio tras aparentemente perder el control de su vehículo en la Autovía A-52 en Cernadilla, España.
Muchos aficionados del Liverpool, equipo en donde el luso militaba y recientemente fue campeón de la Premier League, realizaron un obituario improvisado dejando rosas, fotos y souvenirs alusivos al cuadro rojo. En otros lados del mundo, también se mostró respeto y dolor tras la trágica noticia, además de que varios jugadores profesionales en diversos torneos le dedicaron goles y plegarias al que fuese canterano del Paços de Ferreira, como Raúl Jiménez con la Selección Mexicana, quien fuese su compañero hace algunos años en el Wolverhampton.
Pero más allá de la lamentable pérdida humana, es interesante analizar el dolor que causa la muerte de un futbolista y no es hablar mal de la gente a la que le duele el enterarse de la noticia, sino entender porqué existe tal reacción a nivel mundial.
Una de las casualidades más lamentables además de la desoladora muerte del nacido en Porto, es que se casó apenas 10 días antes con la mamá de sus tres hijos, hecho que genera más impacto y que más de a uno hace pensar el porqué la vida puede ser tan cruel con una coincidencia como tal.
En segunda instancia este hecho hace reflexionar que, a pesar de tener “la vida asegurada” económicamente hablando, en cualquier momento se puede perder todo sin ningún tipo de pronóstico o previsión, simplemente pasa, como si el destino eligiese a alguien de forma azarosa o eventual, sin explicación alguna.
Más allá que el que perezca una figura pública, un futbolista es sinónimo de identificación de muchas personas, por lo general, sacrifican mucho para llegar a donde están, y más un deportista como Diogo Jota, a quien nadie le regaló nada y debutó en un equipo pequeño de Portugal para después poco a poco incursionar en mejores clubes hasta llegar a uno de talla mundial como lo es el Liverpool de Inglaterra.
Considero que la muerte de un futbolista puede doler porque se va una persona que nos hizo gritar goles, festejar asistencias, reconocerle jugadas y demás emociones que provocó únicamente con un balón y talento. Está claro que a nadie se le desea la muerte, pero cuando se trata de un futbolista, no solo nos despedimos para siempre de un deportista o de un atleta, sino de un artista que con sus pies despierta pasiones que difícilmente se explican por medio de palabras.
Aldo Enrique Rodríguez Majano

Licenciado en Educación Física con una Maestría en Ciencias del Deporte, y maestrante en Periodismo y Comunicación Deportiva. Su labor se enfoca en la difusión del deporte desde una perspectiva formativa y crítica, integrando la docencia con la comunicación especializada. Apasionado por el análisis del deporte como fenómeno social, combina la experiencia académica y práctica para aportar una mirada integral al quehacer deportivo contemporáneo.
