El compromiso ético profesional del docente formador en las Escuelas Normales de Educación Física en México.

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Por Héctor Pérez MEX
Reflexionar sobre la formación de los futuros licenciados en Educación Física en
las Escuelas Normales de México exige mirar más allá de los planes de estudio o
de los métodos de enseñanza, implica analizar, desde la raíz, el compromiso ético
y profesional de quienes formamos a las nuevas generaciones de docentes. Hoy
más que nunca, en un contexto educativo que demanda transformación, justicia y
conciencia social, la ética profesional del formador no puede ser un concepto
decorativo; es el fundamento sobre el cual se construye la identidad, la credibilidad
y la legitimidad de nuestra profesión.
El docente formador en Educación Física tiene una doble responsabilidad:
enseñar a enseñar y formar en el ejemplo, su práctica no solo enseña
conocimientos técnicos o metodológicos, sino que moldea actitudes, valores y
concepciones sobre lo que significa ser educador físico, cuando este compromiso
ético se debilita o se diluye entre la rutina institucional, el daño trasciende al aula:
se reproduce una cadena de desinterés, improvisación y falta de vocación que
termina afectando directamente a la educación básica y, con ello, al tejido social.
Las implicaciones de la falta de compromiso ético en la formación docente son
profundas, un formador que no actúa con ética profesional contribuye a normalizar
la incongruencia entre el discurso y la acción, a generar apatía en los futuros
licenciados y a debilitar la identidad pedagógica de la Educación Física, por el
contrario, un docente ético asume que su práctica cotidiana es un acto político y
moral, que su palabra forma, pero su ejemplo transforma, la ética, en este sentido,
no se enseña: se encarna.
El compromiso de quienes formamos docentes en las Escuelas Normales debe
centrarse en tres ejes esenciales: la coherencia, la responsabilidad y la vocación
de servicio, ser coherente implica actuar con congruencia entre lo que se dice y lo
que se hace; ser responsable significa asumir las consecuencias de nuestra
enseñanza en la vida de los futuros profesionales; y servir implica comprender que
educar es un acto profundamente humano, orientado al bien común.
Las obligaciones de los docentes formadores son claras y no pueden eludirse,
estamos obligados a actualizarnos, a dominar los fundamentos teóricos y
metodológicos de la Educación Física contemporánea, a orientar la práctica desde
la investigación y la reflexión crítica, y a respetar la dignidad del estudiantad, la
ética profesional también exige promover el pensamiento autónomo, el trabajo
colaborativo y la sensibilidad social, evitando reproducir prácticas autoritarias o
mecánicas que contravienen los principios del modelo Educativo vigente.

A la par, es indispensable reconocer los derechos del formador, ejercer con ética
también implica exigir condiciones laborales justas, acceso a formación continua,
respeto institucional y reconocimiento académico, el docente formador tiene
derecho a ser escuchado, a participar en la construcción curricular y a contar con
los medios necesarios para ejercer una enseñanza de calidad, el respeto a la ética
profesional también se traduce en el respeto al propio profesional.
Por lo tanto, el compromiso ético del docente formador de licenciados en
Educación Física no se limita al cumplimiento de funciones; es una forma de vida
profesional que da sentido al acto educativo, solo desde la ética se puede aspirar
a formar profesionales reflexivos, críticos, sensibles y socialmente comprometidos,
la Educación Física en México no podrá consolidarse como una disciplina
transformadora si no se sostiene sobre la base de una ética pedagógica sólida,
vivida y coherente.
Formar con ética es formar con conciencia, es enseñar que el cuerpo que se
mueve también piensa, siente y construye sentido, es asumir que cada palabra,
cada clase y cada gesto dejan huella en quienes serán los futuros responsables
de educar a través del movimiento, el compromiso ético, más que una exigencia,
es una promesa: la de ser coherentes con lo que somos, con lo que enseñamos y
con lo que soñamos para nuestra profesión.

Héctor Jesús Pérez Hernández. Licenciado en Educación Física, con maestría en Desarrollo de la Motricidad Infantil y candidato a Doctor en Investigación Educativa. Es catedrático de la BENV, miembro de diversas redes de
investigación, ha recibido premios por su labor, ha publicado en revistas indexadas y es autor de proyectos educativos destacados.

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