Por Héctor Pérez MEX
Hablar de ciudadanía en el marco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) implica trascender la visión reducida de la educación como mera transmisión de contenidos, la ciudadanía, entendida como la capacidad de participar activamente, con sentido crítico y compromiso ético en la vida social, política y cultural de una comunidad, demanda de la educación física un papel que va mucho más allá del desarrollo de habilidades motrices o la promoción de hábitos saludables, supone formar sujetos que se reconozcan a sí mismos como parte de un colectivo, capaces de convivir, dialogar, respetar las diferencias y actuar para el bien común.
En este contexto, la educación física deja de ser únicamente el espacio para la actividad física y se convierte en un laboratorio social donde se experimenta, se ensaya y se vivencia la ciudadanía, en una cancha, un patio o un gimnasio, los estudiantes aprenden a tomar decisiones en conjunto, a reconocer las reglas y, cuando es necesario, a cuestionarlas; a asumir responsabilidades individuales que impactan al grupo; a respetar y valorar la diversidad de capacidades, culturas y formas de ser. La educación física, bien entendida, no es ajena a la construcción del tejido social, sino un pilar de éste.
Sin embargo, asumir este enfoque requiere un cambio profundo en la intervención docente. Las implicaciones son claras: el profesorado de educación física debe convertirse en un mediador consciente de experiencias significativas, capaz de diseñar situaciones motrices que promuevan la cooperación, la empatía, la resolución pacífica de conflictos y la participación activa. Ello obliga a dejar de lado modelos de enseñanza centrados en la instrucción unidireccional y avanzar hacia enfoques que promuevan el diálogo, la reflexión y la autogestión en el alumnado.
El compromiso ético del docente de nuestra profesión es incuestionable, ser educador físico en la NEM implica comprender que cada juego, cada actividad y cada dinámica es una oportunidad para formar ciudadanos críticos y responsables, nuestra obligación es garantizar que las prácticas motrices no reproduzcan estereotipos, exclusiones o desigualdades, sino que abran caminos hacia la inclusión y la justicia social, esto significa diseñar propuestas que integren a todos y todas, sin importar sus condiciones físicas, sociales o culturales, y que reconozcan en la diversidad una fortaleza, no un obstáculo.
Por otro lado, el transitar hacia una educación física comprometida con la ciudadanía no es una responsabilidad exclusiva del docente, sino un derecho. El profesorado tiene derecho a recibir formación continua, a contar con condiciones laborales dignas y a participar en las decisiones pedagógicas y políticas que afectan a la educación física, también tiene derecho a que su labor sea reconocida como parte fundamental de la educación integral y no como un espacio accesorio o prescindible del currículo escolar.
Por lo tanto, la educación física y la ciudadanía en la Nueva Escuela Mexicana están profundamente entrelazadas, no se trata de sumar un nuevo contenido al programa, sino de comprender que nuestra labor es un acto de formación ciudadana en movimiento, las implicaciones, compromisos y derechos de los docentes de educación física se resumen en un principio: cada experiencia motriz que generamos puede fortalecer o debilitar el ejercicio democrático, la convivencia pacífica y la participación social, y en esa elección diaria, como profesionales, no tenemos derecho a la indiferencia.
Héctor Jesús Pérez Hernández

Héctor Jesús Pérez Hernández es Licenciado en Educación Física, con maestría en Desarrollo de la Motricidad Infantil y candidato a Doctor en Investigación Educativa. Es catedrático de la BENV, miembro de diversas redes de investigación, ha recibido premios por su labor, ha publicado en revistas indexadas y es autor de proyectos educativos destacados.
