Por Héctor Pérez MEX
En el panorama educativo contemporáneo, la Educación Física mexicana vive una tensión constante entre la profesionalización del conocimiento y la exposición empírica de experiencias aisladas. En congresos, foros y encuentros académicos se observa una proliferación de presentaciones donde el entusiasmo y la creatividad motriz se imponen, pero no siempre acompañadas del rigor teórico, metodológico y ético que caracteriza al
verdadero docente formador, esta situación nos obliga a reflexionar críticamente sobre qué significa ser ponente, conferencista o tallerista profesional, en contraposición a quienes únicamente se limitan a compartir prácticas novedosas, innovadoras o de éxito, sin sustento académico o compromiso formativo.
El profesional que asume el rol de ponente o tallerista no solo comparte experiencias, sino que construye conocimiento, traduce la teoría en práctica y devuelve a la comunidad educativa insumos que fortalecen la comprensión del movimiento humano, la pedagogía corporal y la didáctica motriz, su compromiso trasciende la anécdota; se inscribe en la responsabilidad de articular los fundamentos científicos con los principios ético-sociales
que la Educación Física exige dentro del Plan y Programa de Estudios Vigente.
Por el contrario, el expositor de prácticas exitosas puede representar una intención valiosa de compartir, pero cuando esta acción no está acompañada de reflexión crítica, sistematización ni análisis contextual, se corre el riesgo de reproducir modelos superficiales, centrados en la espectacularidad de la acción motriz o en la “receta”
didáctica, sin comprender los procesos educativos de fondo. Esto ha desvirtuado el sentido profesional de la docencia en Educación Física y limita el desarrollo epistemológico de nuestra disciplina.
Desde esta perspectiva, el compromiso ético del profesional ponente consiste en asumir que cada palabra, cada propuesta y cada metodología que difunde debe tener coherencia con los principios formativos, humanistas e inclusivos del currículo vigente, además, se debe reconocer que ser conferencista o tallerista implica un proceso continuo de investigación, actualización y autocrítica, NO se trata solo de hablar en público, sino de formar conciencia profesional colectiva, de ofrecer herramientas que transformen la práctica docente en las escuelas, y de acompañar a los colegas en la comprensión del plan de estudios de Educación Física.
En cambio, quienes asumen el papel de expositores empíricos deben ser invitados a avanzar hacia la profesionalización: a sistematizar sus experiencias, a generar procesos de reflexión y a convertir sus prácticas exitosas en conocimiento compartido, la Educación Física mexicana necesita menos discursos momentáneos y más proyectos sostenidos, menos demostraciones de impacto inmediato y más acciones de transformación pedagógica.
El desafío es claro: transitar del testimonio a la construcción del saber profesional, reconocer que ser formador, conferencista o tallerista no es una posición de superioridad, sino una responsabilidad social, académica y ética con nuestra profesión, se trata de consolidar una comunidad docente que aprenda, critique, investigue y comparta desde la profundidad, no desde la inmediatez.
Por ello, la implicación principal radica en comprender que la formación continua no se improvisa, se construye con base en la reflexión y la praxis, el compromiso ético exige respeto por los saberes de los otros, humildad intelectual y disposición al aprendizaje permanente, las obligaciones se orientan a mantener un ejercicio docente fundamentado y coherente con las necesidades del país, mientras que los derechos deben garantizar el reconocimiento, la actualización y la participación justa en los espacios académicos.
Solo así podremos afirmar que la Educación Física mexicana avanza hacia una etapa donde los discursos se acompañan de hechos, las prácticas se sistematizan y la docencia se eleva a su verdadero sentido formativo y social.
Héctor Jesús Pérez Hernández, Licenciado en Educación Física, con maestría en Desarrollo de la Motricidad Infantil y candidato a Doctor en Investigación Educativa. Es catedrático de la BENV, miembro de diversas redes de investigación, ha recibido premios por su labor, ha publicado en revistas indexadas y es autor de proyectos educativos destacados.

