Volando alto sin romperse; Cómo Lía y Mía Cueva nos enseñan que el alto rendimiento en adolescentes puede ser sano, feliz y humano

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Por Gustavo Zepeda
Psicólogo del Deporte

Cuando el salto va más allá del agua

En julio de 2025, el deporte mexicano vivió un momento inolvidable: Lía y Mía Cueva, adolescentes y hermanas, se llevaron el bronce en trampolín sincronizado de 3 metros en el Mundial de Clavados en Singapur. Pero más allá de la medalla, su historia representa un modelo valioso: el de adolescentes que logran competir al más alto nivel sin perderse en el camino.

En un mundo donde el alto rendimiento se exige desde edades tempranas, la historia de estas jóvenes nos invita a preguntarnos:
¿Es posible formar atletas exitosos sin sacrificar su bienestar emocional ni su desarrollo personal?

La respuesta, respaldada por investigaciones en psicología del deporte y desarrollo humano, es un sí rotundo… si sabemos acompañar con inteligencia y empatía.

Adolescentes que compiten, pero también crecen

La adolescencia es una etapa de transformaciones intensas. La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020) la define como una fase crítica de crecimiento físico, psicológico y social. En este periodo, el cerebro sigue en desarrollo, la identidad está en construcción y la autoestima es muy sensible.

Según la American Psychological Association (APA, 2018), los adolescentes que se ven reducidos a su rol deportivo pueden experimentar ansiedad, aislamiento social o conflictos de identidad, especialmente si su entorno los valora solo por sus resultados.

Por eso, el logro de Lía y Mía es doble: no solo alcanzaron un nivel mundial en su disciplina, sino que lo hicieron preservando su bienestar, su equilibrio emocional y su alegría por competir.

El deporte como escuela de vida (no como jaula)

¿Qué permitió que ellas pudieran sostener un alto nivel sin perderse?

1. Identidad flexible, no reducida

Uno de los riesgos más frecuentes en el alto rendimiento juvenil es que el joven se vea a sí mismo solo como “deportista”. Si gana, se siente valioso. Si pierde, se derrumba.

El concepto de identidad atlética (Brewer, Van Raalte & Linder, 1993) explica este fenómeno: cuando un joven construye toda su autoestima sobre el deporte, su salud mental se vuelve vulnerable.

En el caso de Lía y Mía, su equipo multidisciplinario fomentó una identidad flexible: seguían estudiando, convivían con amigos, desarrollaban intereses más allá del trampolín. Esto les dio equilibrio y un sentido de valía más profundo que el resultado deportivo.

2. Motivación interna, no presión externa

Estudios de Deci y Ryan (2000) sobre la Teoría de la Autodeterminación demuestran que los jóvenes que desarrollan motivación intrínseca —es decir, que hacen deporte por gusto, por superación, por pasión— muestran mayor rendimiento sostenido y bienestar emocional.

En cambio, quienes solo entrenan para complacer a otros o recibir recompensas externas, se frustran más fácilmente y tienden al abandono.

En este caso, Lía y Mía fueron acompañadas para disfrutar del progreso técnico y la belleza del salto, no solo para “ganar medallas”. Esto marcó una gran diferencia.

3. Regulación emocional como base del rendimiento

El psicólogo deportivo Dan Gould (2002) encontró que más del 80% de los atletas juveniles de élite viven ansiedad precompetitiva frecuente. Por eso, enseñar habilidades de regulación emocional no es opcional: es fundamental.

Lía y Mía aprendieron a gestionar emociones como miedo, frustración o nerviosismo mediante técnicas como respiración consciente, visualización positiva y autodiálogo. Como afirma Vealey (2007), “el control emocional no significa no sentir, sino saber qué hacer con lo que se siente”.

El rol del entorno: acompañar sin presionar

Detrás de cada joven atleta hay un equipo adulto que puede ser aliado… o riesgo. Padres que presionan, entrenadores que gritan, medios que exigen: todos pueden sumar o restar al proceso.

El caso de las hermanas Cueva muestra un entorno saludable. Sus padres entendieron que el amor no depende del resultado. Sus entrenadores sabían que una corrección no debe ser humillación. Su psicóloga no buscaba solo “ganar medallas”, sino que siguieran siendo felices.

Esto coincide con el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1979), que afirma que el desarrollo del adolescente depende de la calidad de las relaciones que lo rodean. Cuando el entorno es positivo, el joven florece.

¿Qué podemos aprender todos?

Su historia nos invita a revisar cómo estamos acompañando a nuestras hijas, hijos, alumnas y alumnos en sus caminos deportivos. El alto rendimiento no tiene por qué doler, ni romper, ni dejar cicatrices.

Podemos construir un modelo de excelencia con humanidad, si entendemos que:

  • Ningún resultado vale más que la salud mental de un adolescente.
  • El proceso es tan importante como la meta.
  • La formación deportiva es también formación emocional.

Conclusión: el verdadero salto

El verdadero salto de Lía y Mía no fue solo el que las llevó al podio mundial. Fue el salto hacia una forma distinta de hacer deporte: más consciente, más humana, más respetuosa de los tiempos del corazón.

Como psicólogo del deporte, he visto muchas veces el daño que causa una exigencia mal dirigida. Pero también he visto lo extraordinario que puede ser el resultado cuando formamos personas antes que campeones.

Y cuando esas personas, como Lía y Mía, llegan al podio… entonces sí, podemos aplaudir con el alma.

Bibliografía consultada

  • American Psychological Association. (2018). Guidelines for Psychological Practice with Boys and Men. APA.
  • Brewer, B. W., Van Raalte, J. L., & Linder, D. E. (1993). Athletic identity: Hercules’ muscles or Achilles heel? International Journal of Sport Psychology, 24, 237–254.
  • Bronfenbrenner, U. (1979). The Ecology of Human Development: Experiments by Nature and Design. Harvard University Press.
  • Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). The “what” and “why” of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227–268.
  • Gould, D., & Dieffenbach, K. (2002). Overtraining, underrecovery, and burnout in sport. In M. Kellmann (Ed.), Enhancing Recovery in Sport (pp. 25–35). Human Kinetics.
  • OMS. (2020). Adolescent health. Organización Mundial de la Salud.
  • Vealey, R. S. (2007). Mental Skills Training in Sport. In Tenenbaum & Eklund (Eds.), Handbook of Sport Psychology (3rd ed., pp. 287–309). Wiley.

Gustavo Zepeda es originario de Guadalajara, México. Licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara. Posee dos maestrías (una en Terapia Gestalt y otra en Psicología del Deporte – UNED, Madrid) y dos doctorados: en Psicología del Deporte (Pacific Western University) y en Hipnosis. Ha sido jefe de Investigación y Desarrollo en CODE Jalisco, presidente de la Academia de Psicopedagogía del deporte estatal y miembro del panel de capacitación de la Federación Mexicana de Fútbol. Autor de varias publicaciones académicas, ganadora de múltiples premios nacionales en investigación e intervención en psicología deportiva.

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