Trabajo mata ejercicio

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Por María de Jesús Serrano Plata 

Según la Ley Federal de Trabajo el número máximo de horas que puede laborar una persona en México es de 48 horas por semana, es decir, trabajar una jornada diaria de ocho horas durante seis días y tener un día de descanso. Se puede decir que un tercio del día se debería ocupar para actividades laborales. El segundo tercio del día lo deberíamos ocupar para dormir. Y el tercer tercio del día para todo los demás: hacer la comida, comer, atender actividades del hogar, atender a los hijos e hijas, pasar tiempo con la pareja, leer, hacer ejercicio, hacer actividades de recreación y diversión, estudiar, hacer tareas, etc.

Pero qué pasa cuando una persona trabaja más de 8 horas, qué pasa cuando una persona se lleva trabajo a casa, qué pasa cuando el trabajo queda a dos horas de tu hogar, qué pasa cuando una persona tiene que doblar turnos, o trabajar horas extra para satisfacer las demandas del mundo actual. Evidentemente le tiene que restar tiempo ya sea al sueño o a las demás actividades. En consecuencia, es común que cuando algún profesional haga la recomendación de hacer ejercicio físico u otro buen hábito la gente diga “no tengo tiempo”.

Y no es que la gente “no tenga fuerza de voluntad” para hacerlo, sino que vivimos bajo condiciones laborales no favorables para el bienestar, largas jornadas laborales, desbalance trabajo-familia; incluso un gran porcentaje de los mexicanos trabajan de manera informal. Claro que el estrés laboral y cansancio que se vive día a día y las altas exigencias cotidianas te llevan a tener menos energía y ganas para realizar ejercicio físico. Además, se ha promovido que hacer ejercicio cuesta ya que “debes pagar” un gimnasio o club deportivo y tener ropa especial, pero si se considera el punto del trabajo informal, hay personas que trabajan para satisfacer necesidades básicas, entonces otro argumento será “no tengo dinero para pagar un gimnasio”. O si brindamos la recomendación de hacerlo en su localidad, definitivamente se tendría que mencionar que hay trabajadores que regresan tarde a casa y encuentran calles inseguras o espacios públicos cerrados.

Con todo lo anterior quiero que reflexiones sobre lo complejo que es hacer ejercicio físico bajo contextos laborales diversos y desiguales. Abatir las narrativas de personas que se atreven a decir que los buenos hábitos son “decisiones personales” o que “cada uno es responsable de ejercitarse”. ¡NO ES ASÍ! la inactividad física y el sedentarismo son problemas estructurales, son resultado de desigualdades laborales y sociales.

La evidencia científica es contundente, para tener salud biopsicosocial debes realizar al menos 150 minutos de actividades físicas moderadas por semana, así como pasar menos de dos horas sentado. Sin embargo, esos números parecen inalcanzables para algunas personas e insisto, no por voluntad propia. En primer lugar, se debe dar cumplimiento a la Ley y asegurar que las condiciones laborales sean dignas para todas las personas. En segundo lugar, crear alianzas intersectoriales para cumplir con las recomendaciones de tiempo activo y sedentario. En tercer lugar, las autoridades locales deben garantizar espacios públicos y seguros para realizar actividades físicas a cualquier hora. En cuarto lugar, los vecinos de una localidad deben ser propositivos y organizar caminatas, juegos, baile para fortalecer el tejido social. En quinto lugar, te toca a ti, empieza con una caminata exclusiva a intensidad moderada por diez minutos y aumenta poco a poco a lo largo del día hasta lograr la meta, además levántate de tu asiento cada media hora, te aseguro que reconocerás los beneficios en corto tiempo.

Finalmente, te quiero decir que tienes DERECHO al deporte y a la cultura física y es deber del Estado garantizar los derechos humanos. Mientras eso ocurre, sé agente de cambio, sé la red de apoyo de un ser querido, dale la mano y juntos encuentren un espacio para activarse físicamente. Te invito a ser empático y compasivo con aquellos que no tienen los mismos privilegios laborales que tú.

María de Jesús Serrano Plata. Licenciada en Nutrición, Especialista en Salud Pública, Maestra en Administración de Recursos Humanos y Doctora en Ciencias de la Salud, por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel Candidata. Fundadora del proyecto social SIN MEDIIDA para la prevención y control de obesidad. Desde el 2009 se desempeña como profesora de pregrado en licenciaturas como Trabajo Social, Cultura Física y Deporte, Gastronomía, Psicología y Nutrición; así como en posgrado en la Especialidad en Salud Pública de la UAEMéx.

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