
Se dice que… adiós a la Comisión de Apelación y Arbitraje del Deporte, México.
Por Geoffrey Recoder MEX
Recibo con preocupación la noticia de que la Comisión de Apelación y Arbitraje del Deporte (CAAD) dejará de existir como órgano desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública para convertirse en un área administrativa dependiente de la propia autoridad a la que muchas veces debía revisar y, en su caso, corregir. Esta reestructuración, que podría parecer un mero cambio burocrático, en realidad representa —y lo digo con toda imparcialidad y con un espíritu propositivo— un retroceso en la justicia deportiva de México.
Quienes hemos trabajado de cerca con atletas, entrenadores y directivos sabemos que la CAAD, aun con sus limitaciones, ha sido la única instancia especializada capaz de mediar, arbitrar y resolver controversias en el ámbito deportivo. No era perfecta, es cierto, y uno de sus grandes problemas era que carecía de la fuerza ejecutoria suficiente para que sus resoluciones fueran cumplidas sin titubeos. Sin embargo, a pesar de esa debilidad, era un foro independiente al que los afectados podían acudir cuando sentían que en su federación, asociación deportiva o incluso en la propia CONADE se habían vulnerado sus derechos.
Ahora, con su incorporación como un área administrativa interna de la SEP, la pregunta es inevitable: ¿a dónde acudirán los deportistas que necesiten impugnar una decisión injusta de su federación? ¿Quién escuchará a un entrenador que haya sido separado arbitrariamente de su cargo por conflictos políticos internos? ¿Qué camino le quedará a un atleta que denuncie acoso o abuso por parte de un directivo, cuando ese directivo forme parte del Sistema Nacional de Cultura Física y Deporte (SINADE)?
En teoría, podrían acudir a los tribunales ordinarios, a instancias como la vía civil, laboral o incluso penal, dependiendo del caso. Pero cualquiera que haya intentado transitar por esos caminos sabe que, además de ser procesos largos y costosos, los jueces no siempre están familiarizados con las particularidades del deporte y sus normas internas. Una decisión errónea en un procedimiento deportivo no es lo mismo que un litigio comercial o una disputa laboral: aquí los tiempos son cruciales, las competencias tienen fechas, y una resolución tardía puede significar perder una oportunidad única, un ciclo olímpico o la carrera deportiva de alguien.
La desaparición de la CAAD como ente independiente debió ser la oportunidad para corregir lo que no funcionaba y fortalecerla, no para debilitarla. Lo que se requería era dotarla de “dientes” jurídicos, darle autonomía técnica y presupuestal, garantizar que sus fallos fueran obligatorios y que las federaciones, asociaciones y autoridades deportivas los cumplieran bajo sanción. Lo que necesitábamos era un tribunal deportivo verdaderamente autónomo, imparcial y con capacidad de sancionar, no una oficina más dentro de la misma estructura que regula y financia al deporte federado.
La imparcialidad no es un detalle accesorio: es la piedra angular de cualquier instancia de justicia. Si la autoridad que debe resolver un conflicto es parte de la misma estructura jerárquica que está involucrada en el problema, el riesgo de conflicto de interés es evidente. ¿Qué confianza podrá tener un atleta en que su caso contra la CONADE será analizado con objetividad, si la nueva área depende de la SEP, que es la cabeza de sector de la propia CONADE?
Por eso creo que, más allá de criticar el cambio, es necesario proponer rutas para garantizar que los derechos de los deportistas no queden en el limbo. Entre ellas:
1. Crear un órgano verdaderamente autónomo de justicia deportiva, con personalidad jurídica y patrimonio propios, cuyos integrantes sean seleccionados por un comité independiente, con participación de deportistas, juristas y especialistas en derecho deportivo.
2. Fortalecer la figura del arbitraje deportivo, siguiendo modelos como el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) en Suiza, para que sus resoluciones tengan carácter vinculante y puedan ejecutarse de inmediato.
3. Establecer mecanismos claros de acceso a la justicia ordinaria para casos graves, sin que los plazos procesales destruyan las oportunidades competitivas de los atletas. Esto implica crear juzgados o salas especializadas en derecho deportivo dentro del Poder Judicial.
4. Garantizar protección a denunciantes y víctimas, especialmente en casos de abuso, acoso, discriminación o represalias, evitando que la burocracia se convierta en un muro infranqueable.
El deporte no es un lujo ni un pasatiempo menor: es un derecho constitucional y una actividad de interés público que requiere reglas claras, procesos justos y autoridades que inspiren confianza. No podemos retroceder en materia de justicia deportiva, porque cada vez que se cierra una puerta imparcial, se abre la posibilidad de que la política, los intereses particulares o la impunidad dominen el terreno.
Hoy, quienes trabajamos en el deporte debemos insistir en que este cambio no puede dejar en estado de indefensión a atletas, entrenadores, jueces, árbitros y cualquier otro integrante del ecosistema deportivo. Debemos proponer, dialogar y construir una solución que preserve —y mejore— lo que la CAAD representaba. No es momento de resignarse, sino de exigir que la justicia deportiva no pierda su esencia: ser accesible, rápida, imparcial y efectiva.
Si la nueva administración quiere demostrar que este cambio no es un retroceso, deberá hacerlo garantizando que los mecanismos para resolver controversias sean más sólidos, más confiables y más independientes que nunca. De lo contrario, el mensaje que se enviará a la comunidad deportiva será claro: que la justicia deportiva en México ha dejado de ser una prioridad. Y eso, simplemente, es muy malo.
EL DEPORTE NO DESCANSA
Alfonso Geoffrey Recoder Renteral

Especialista en Gestión, Dirección y Administración en Cultura Física y Deporte. Doctor Honoris Causa. Posdoctorando en Derecho. Doctor en Ciencias de la Educación. Doctorante en Administración y Política Pública. Maestro en Gestión de Entidades Deportivas. Maestro en Administración. Maestro en Ciencias de la Educación con especialización en Gestión de Estudios Superiores. Maestrante en Ciencias del Deporte. Maestrante en Metodología del Entrenamiento Deportivo. Maestrante en Periodismo y Comunicación Deportiva. Licenciado en Educación Física. Licenciado en Derecho. Cursó el Seminario Sports Visitor Program: Enhancing the Paralympic Movement, United States Olympic & Paralympic Committee, Colorado Springs, USA. Cursó el Seminario Técnico–Metodológico para Directivos del Deporte de Alto Rendimiento en la Universidad de la Cultura Física y Deporte “Manuel Fajardo”, Cuba. Cursó el Seminario en Gestión de Entidades Deportivas en la Escuela Universitaria del Real Madrid, España. Cursó el Diplomado en Alta Dirección en el Deporte, por la Confederación Deportiva Mexicana.
