
Por Héctor Jesús Pérez Hernández
La Educación Física en México ha transitado, en el discurso, hacia la profesionalización, el enfoque humanista, la práctica reflexiva y la construcción del saber motriz como fundamento educativo. Sin embargo, cuando observamos espacios de legitimación académica como el Congreso Nacional de Investigación Educativa (CNIE), emerge un contraste doloroso: la participación de profesionales de la Educación Física sigue siendo reducida, dispersa y en muchos casos aislada, aun cuando el congreso ofrece múltiples modalidades para compartir conocimiento —conferencias magistrales, ponencias, simposios, talleres, libros, videográficos, conversaciones educativas, ENEPE, reuniones de redes y actividades culturales— espacios que nuestra comunidad profesional casi no ocupa.
El documento analizado confirma esta realidad: apenas se identifican algunos trabajos distribuidos en distintas áreas del congreso, como estudios sobre robótica y psicomotricidad, inteligencia artificial en la formación de docentes de EF, reflexiones sobre género, percepciones de normalistas respecto a la NEM, metodologías activas y evaluación, así como algunos trabajos vinculados a la ludomotricidad, incluida una intervención educativa donde participo como coautor, Esta presencia, aunque valiosa, no representa la magnitud del campo, ni su potencial teórico, ni riqueza de la práctica docente en las escuelas de educación básica.
Resulta evidente que la Educación Física mexicana no está posicionando su producción científica con la fuerza que el país requiere, lo cual revela un problema estructural: la escasa cultura de investigación y divulgación entre el profesorado. Participar en el CNIE no es un acto de presencia, sino un ejercicio de reconocimiento institucional de nuestra disciplina como campo del conocimiento y no solo como área práctica.
Cuando los profesionales de la Educación Física no participan activamente en foros de investigación, la disciplina queda inmediatamente marginada del diálogo educativo nacional, esta ausencia debilita nuestra posibilidad de incidir en políticas públicas, enfoques curriculares y decisiones institucionales que determinan el rumbo de la educación básica y la formación docente, en consecuencia, se pierde la oportunidad de posicionar la motricidad y a la acción motriz como un eje formativo central y no como un accesorio dentro del sistema educativo, la falta de participación también impide la construcción de una memoria científica sólida; sin investigaciones sistemáticas, la Educación Física no desarrolla marcos teóricos propios ni consolida líneas de investigación que den soporte académico a la práctica. Esto perpetúa la percepción errónea de que nuestra disciplina es únicamente técnica o complementaria, carente de profundidad epistemológica y ajena a la producción de conocimiento educativo de alto nivel.
A la par, la identidad profesional se ve seriamente afectada, sin producción científica, la profesión no logra fortalecer su identidad ni obtener reconocimiento colegiado, lo que desvaloriza el trabajo docente y lo relega a un papel subalterno dentro del ámbito educativo, esta situación resulta aún más contradictoria si consideramos que el Congreso Nacional de Investigación Educativa (CNIE) ofrece múltiples modalidades —ponencias, talleres, conversatorios, simposios, presentaciones de libros, videográficos, redes académicas y conferencias magistrales— espacios que representan auténticas oportunidades para visibilizar a la Educación Física como campo de estudio y no únicamente como práctica pedagógica.
Frente a esta realidad, el profesional de la Educación Física debe asumir compromisos claros y concretos; investigar su práctica no puede ser visto como un requisito administrativo o un acto aislado, sino como un proceso fundamental para comprender la motricidad y a la acción motriz así como su papel en la formación humana, del mismo modo, divulgar los hallazgos no puede limitarse a las redes sociales: es indispensable compartirlos en foros académicos donde la disciplina pueda dialogar con otras áreas del conocimiento, la participación en el CNIE debe asumirse como un espacio natural para la Educación Física, un lugar al que pertenecemos y no un territorio reservado para investigadores de otras disciplinas, además, se requiere fomentar la construcción de equipos colegiados —particularmente desde las Escuelas Normales— para generar líneas de investigación sólidas, sostenidas y pertinentes, la investigación debe, además, vincularse con el currículo vigente, demostrando que la Educación Física tiene la capacidad de producir evidencia y propuestas educativas transformadoras.
No obstante, estos compromisos no pueden desligarse de las obligaciones éticas y profesionales que acompañan al ejercicio docente, la ausencia en los espacios de investigación no es solo un vacío; constituye también una falta ética, la Educación Física exige rigor académico y la construcción permanente de saberes; no hacerlo es desatender la responsabilidad intelectual que tenemos con las nuevas generaciones, como docentes formadores, estamos llamados a abrir camino, a problematizar la práctica y a producir conocimiento que le dé sentido y legitimidad al campo de la motricidad y de la acción motriz, el movimiento humano necesita ser fundamentado y defendido desde la investigación educativa, y renunciar a ello equivale a ceder que otros definan el rumbo de nuestra disciplina, por ello, el profesional de la Educación Física no puede limitarse a operar sesiones técnicas: debe interpretar, reflexionar, investigar, sistematizar y publicar, el país no necesita ejecutores rutinarios; requiere docentes que argumenten, que piensen críticamente y que fundamenten sus decisiones pedagógicas.
Este esfuerzo exige también que se reconozcan los derechos profesionales que acompañan la participación en investigación, los docentes deben contar con acceso a formación en investigación educativa, con financiamiento o apoyos institucionales para presentar sus trabajos, con reconocimiento formal a su producción académica y con oportunidades de integrarse a redes nacionales que fortalezcan su desarrollo, asimismo, tienen derecho a incidir en la agenda educativa del país desde el conocimiento que producen, cuando estos derechos no se garantizan, la participación se vuelve aislada, desigual y dependiente del esfuerzo individual, lo que perpetúa la brecha entre quienes pueden participar y quienes, pese a tener capacidad académica, quedan fuera del debate.
Para finalizar la Educación Física mexicana necesita ocupar el lugar que legítimamente le corresponde en el CNIE y en todos los espacios de producción científica del país, NO basta con tener prácticas exitosas, intervenciones innovadoras o experiencias docentes significativas: si no se sistematizan, si no se investigan, si no se escriben y no se presentan, se pierden y la profesión avanza sin memoria, sin teoría y sin voz.
Participar en el CNIE no es un lujo; es un acto de responsabilidad, un compromiso ético y un derecho profesional, es la posibilidad de construir colectivamente un campo disciplinar fuerte, crítico, reflexivo y con capacidad de transformar la educación del país desde la motricidad humana.
Estoy convencido de que la Educación Física mexicana merece estar a la altura del reto, pero para lograrlo necesitamos dejar de ser espectadores y convertirnos en protagonistas del pensamiento educativo contemporáneo.

Héctor Jesús Pérez Hernández. Licenciado en Educación Física, con maestría en Desarrollo de la Motricidad Infantil y candidato a Doctor en Investigación Educativa. Es catedrático de la BENV, miembro de diversas redes de investigación, ha recibido premios por su labor, ha publicado en revistas indexadas y es autor de proyectos educativos destacados.
