¿Qué influencias tiene el Kung Fu Wu Shu en la vida y en las personas que rodean al practicante?

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Por Dte. Hilder Molina Vivas COL

Bien se ha dicho que en la escuela no se forman peleadores sino hombres y mujeres, personas de bien, personas que evolucionan interior y exteriormente.

El Kung Fu del Dragón amarillo es una forma de vida que revoluciona la forma de vivir de las personas que practican con los fines debidos y si tiene el guía correcto. 

Hago esta aclaración, porque como ya vimos, hay guías que no merecen serlo y menos de un arte tan completo como este.

El Kung Fu cambia la vida de las personas y lo puedo decir porque lo he vivido, por eso voy a escribir un poco acerca de mi vida en las artes marciales del dragón amarillo escrito tomado del profesor Ariel Vargas Salas elaborado como requisito para su ascenso a instructor en el año de 1998.

El profesor Ariel Vargas salas describe que desde muy pequeño le atrajeron las artes marciales, pero no tuvo la oportunidad de practicar desde ese tiempo porque su mamá no se lo permitía. 

A continuación, tomare su manuscrito como el mismo lo elaboro para su ascenso a instructor de la escuela de artes marciales en el año de 1998, y describe lo siguiente. “Cuando tenía alrededor de ocho años, supe de un señor que enseñaba artes marciales y quise entrenar, después de mucho rogar a mi mamá logré convencerla y me dejó ir a entrenar, pero la alegría me duró muy poco porque el señor tuvo que salir del país.

Después de eso mi vida empezó a ser “normal”, al llegar a mi juventud empecé supuestamente a vivir la vida, bailes, borracheras, mujeres, vagancia y así pasé los meses hasta que un día me pregunté: ¿es así la vida, nacer, crecer, trabajar, procrear y morir?, ¿la vida no tiene sentido?, para venir a este mundo a hacer algo que no tiene trascendencia.

Pasé mucho tiempo haciéndome estas preguntas, hasta que un día ingresé a esta escuela (ya que no había perdido mi amor por las artes marciales y sobre todo el Kung Fu), entonces mi vida empezó a cambiar, esas preguntas empezaron a tener respuestas, empecé a notar como si tuviera más espacio para moverme, me sentía bien y me dediqué de lleno a practicar, tal vez por eso empecé a sentir cosas diferentes, a practicar cosas que antes sabía que existían pero que no les prestaba la mayor importancia y a prestar atención a cosas que antes pasaban por alto.

A pesar de que mi vida había cambiado, había dado un vuelco total, sentía que algo faltaba, pero no sabía que era, hasta que un día sin querer se me dio respuesta a mi inquietud y empecé a entender que el Kung Fu iba más allá de un simple entrenamiento corporal, que era más que una serie de ejercicios para adaptar nuestro cuerpo, entendí que el entrenamiento que se da a ese caparazón además de forjarlo, es para nuestro espíritu.

El Kung Fu ha aportado a mi vida una serie de cosas que estoy seguro no solamente me han mejorado a mí, sino también a las personas que me rodean, son cosas que me hacen sentir bien y con las que puedo hacer sentir bien a los demás.”

Continuando con la descripción del profesor Ariel Vargas (1998) afirma: “Esas cosas complementarias que para mí tienen igual importancia que los ejercicios físicos y con las que ha mejorado mi vida son:

  1. La meditación.
  2. La capacidad de recibir golpes. Para mí los golpes que se dan físicamente en escuela son simbólicos, porque entrenan al espíritu a recibir golpes.
  3. Los ascensos. Los ascensos en escuela muestran el sacrificio que uno debe de hacer para alcanzar una meta que nunca debe ser la última, esto me llevó a considerar que los problemas no son realmente eso, que son obstáculos que uno debe superar y que entre más supere, más fuerte se vuelve.
  4. El autocontrol.

Así podemos decir que si el Kung Fu cambia a una persona y las relaciones personales y familiares de esa persona cambian, el Kung Fu cambia al mundo, si el mundo; si el mundo lo practicase. Es decir, si cambia a un grupo de personas para bien, cambia también todo un grupo de familias, por tanto, estaría cambiando toda una sociedad.” Ariel Vargas(1998)

Finalmente, el profesor y profesional en ciencias del deporte Ariel Vargas (1998) concluye que el Kung Fu no es solo un arte de combate, es una forma de vida, una vida para el bien, una vida que evoluciona, es el hombre que crece, es “EL DRAGÓN AMARILLO”.

Hilder Molina Vivas. Licenciado en Educación Física y Salud con amplia experiencia en organización de eventos deportivos y académicos internacionales. Magíster en Informática Educativa y Doctorante en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Conferencista nacional e internacional en áreas como Salud, Deporte, Recreación y Educación Física. Docente y asesor en tecnologías educativas y eventos virtuales. Representante del Grupo Sports Internacional, con más de 1000 integrantes de 39 países. Ofrece sus conocimientos y experiencia en tecnología aplicada al Deporte, Educación Física y áreas afines con enfoque en innovación y calidad.

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