
Sobre el rol del entrenador, opinión de Ilse Morales Gutiérrez, egresada de la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos (ENED)
Por Ilse Morales Gutiérrez MEX
Introducción
El entrenamiento deportivo sigue, con demasiada frecuencia, sometido a una idea reduccionista: quien obtuvo buenos resultados como atleta o “probó” una rutina —o la aprendió en el gimnasio— ya está capacitado para entrenar a otros. Desde mi experiencia como recién egresada de la ENED, sostengo lo contrario: entrenar es una responsabilidad profesional que exige formación, criterio y actualización constante. Dejar en manos del empirismo procesos que involucran la salud, el desarrollo y el rendimiento de personas —especialmente niñas y niños en etapa de iniciación— es un riesgo que puede tener consecuencias duraderas.
El entrenador deportivo: una figura con múltiples roles
Hoy, el entrenador no solo busca mejorar marcas: educa, cuida, previene lesiones, promueve la adherencia a la actividad física y acompaña procesos psicológicos. Organizar sesiones y repetir ejercicios no basta; la intervención del entrenador debe articular contenido técnico, planificación, atención a la salud y la comunicación adecuada con deportistas y familias. Este enfoque multidimensional aparece cada vez más en la literatura sobre la práctica profesional del entrenador y en guías que promueven a la figura del entrenador como agente de salud y promoción de la actividad física.
La visión desde la ENED (mi experiencia)
Mi formación en la ENED me permitió pasar de una mirada centrada en lo técnico — que venía de jugar básquetbol toda la vida— a una visión integral del proceso formativo del deportista. Aprendí a valorar y planificar en función de:
Fases sensibles del desarrollo: comprender las etapas de crecimiento y las “ventanas” relativas para ciertas adaptaciones ayuda a diseñar estímulos adecuados en la iniciación deportiva y a evitar presionar al niño hacia un rendimiento prematuro. Las propuestas de modelos de desarrollo a largo plazo (LTAD) y reflexiones críticas recientes sobre “ventanas” o periodos sensibles aportan marcos útiles para planificar con criterio. Como advierten Van Hooren y De Ste Croix (2020), las llamadas fases sensibles no deben entenderse como periodos rígidos o genéricos, sino con cautela y siempre considerando la individualidad del deportista.
Individualización y planificación: la programación anual y el control de cargas a partir de pruebas físicas, médicas y psicológicas permiten orientar el proceso hacia objetivos concretos y reducir riesgos. El control del entrenamiento y la gestión de carga son pilares para evitar sobreuso y mejorar resultados. Impellizzeri et al. (2020) señalan que la manipulación de la carga de entrenamiento debe realizarse con precaución, ya que la capacidad de controlar el riesgo de lesiones mediante la manipulación de la carga de entrenamiento en su estado actual es una ilusión.
Comunicación y pedagogía: aprender a “hablar” con el deportista (motivación, límites, instrucciones) y a integrar aspectos psicológicos y sociales en los programas de trabajo.
En resumen, la ENED me dio herramientas para ver al deportista como un sistema (biológico, psicológico y social) y para diseñar intervenciones que respeten esa complejidad.
Retos y problemáticas actuales
Desde mi observación como profesional joven, hay varios problemas persistentes:
Subvaloración profesional y económica: en niveles amateur (escuelas, clubes locales, colegios, universidades) se sigue contratando a personal empírico o que “se ve fuerte”, relegando a profesionales formados. En el alto rendimiento, aunque la especialización está más presente, la retribución económica y el reconocimiento social muchas veces no reflejan la responsabilidad que el cargo implica.
Brecha entre formación y práctica: a pesar de los programas de formación, existen lagunas en la incorporación real de procesos de prevención, planificación individualizada y gestión de carga en entornos con recursos limitados. Estudios sobre la experiencia de la educación formal del entrenador muestran que los programas son valiosos pero su impacto varía según diseño e implementación.
Responsabilidad frente a la salud: el entrenador interviene diariamente con personas que pueden tener condiciones médicas o vulnerabilidades; por ello necesita competencias para adaptar la actividad y minimizar riesgos o saber cuándo derivar a un profesional de la salud. Las guías modernas resaltan el potencial del entrenador como promotor de salud, pero también la necesidad de límites claros y colaboración interprofesional. La Organización Mundial de la Salud (2024) destaca que los entrenadores tienen un rol decisivo no solo en el rendimiento deportivo, sino también en la promoción de la salud y el bienestar de las comunidades deportivas.
Propuestas y perspectivas (qué sí podemos y debemos hacer)
A partir de lo anterior, propongo medidas prácticas (a nivel profesional y de política) para dignificar y fortalecer el papel del entrenador:
Formación continua obligatoria y accesible: promover certificaciones, diplomados y cursos actualizados (en especial en prevención de lesiones, control de carga, pedagogía y trabajo con infancia). No todos pueden pagar una licenciatura, pero sí deberían tener acceso a rutas formativas accesibles y reconocidas. La evidencia muestra que intervenciones bien diseñadas en educación de entrenadores mejoran su práctica.
Promoción del rol del entrenador como agente de salud: trabajar en campañas y programas (a nivel institucional y municipal) que reconozcan al entrenador como actor clave en la promoción de la actividad física y la prevención de enfermedades crónicas. Organizaciones globales recomiendan empoderar a entrenadores en estrategias de promoción de salud.
Protocolos claros de colaboración con la salud: establecer líneas de derivación y colaboración entre entrenadores, médicos del deporte, fisioterapeutas y psicólogos para garantizar seguridad y calidad en la atención.
Políticas de reconocimiento y condiciones laborales justas: exigir mejores condiciones y remuneración acorde a la responsabilidad profesional, para evitar que el mercado privilegie la “imagen” por encima de la competencia técnica.
Cultura de actualización y evidencia: fomentar que entrenadores consulten la literatura relevante y herramientas de control (monitoreo de carga, tests de estado físico) y que adapten prácticas a cada deportista en vez de replicar rutinas “de memoria”. La gestión adecuada de carga y la aplicación de evidencia contribuyen tanto al rendimiento como a la prevención de lesiones.
Como egresada de la ENED, pienso que nuestro desafío es claro, exigir y demostrar que entrenar es una práctica profesional seria. No se trata de negar el valor del empirismo (que muchas veces impulsa el interés por el deporte), sino de complementarlo con fundamentos científicos, pedagógicos y éticos. Si asumimos la formación continua, la responsabilidad social y la colaboración interprofesional, podremos convertir al entrenador en un pilar real de la salud, la educación y el desarrollo deportivo en nuestra comunidad.
Hoy estamos en una encrucijada, en la cual podemos seguir normalizando la improvisación, o tomar la senda de la profesionalización. Yo elijo lo segundo y te invito a caminarlo conmigo.
Bibliografía
- Impellizzeri, F. M., Menaspà, P., Coutts, A. J., Kalkhoven, J., & Menaspà, M. J. (2020). Training load and its role in injury prevention, part I: Back to the future.
Journal of Athletic Training, 55(9), 871–874. https://doi.org/10.4085/1062–60501006–21
- Gabbett, T. J. (2016). The training—injury prevention paradox: should athletes be training smarter and harder? British Journal of Sports Medicine, 50(5), 273–280. https://doi.org/10.1136/bjsports–2016–096618
- Van Hooren, B., & De Ste Croix, M. (2020). Sensitive periods to train general motor abilities in children and adolescents: Do they exist? A critical appraisal. Strength and Conditioning Journal, 42(6), 7–14. https://doi.org/10.1519/ssc.0000000000000560
- World Health Organization (WHO). (2024). Be an empowering and supportive coach: Health promoting sports coach implementation guide. https://www.who.int/europe/publications/i/item/WHO-EURO-2024-1039150163-75563
Ilse Morales Gutiérrez

Egresada de la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos, con experiencia en taekwondo, fútbol, natación y principalmente baloncesto. Ha trabajado en la Escuela del Deporte de Toluca, colaborado con equipos representativos y apoyado a equipos profesionales de diversas disciplinas en pruebas físicas y acondicionamiento. Actualmente colabora como entrenadora en la Academia Capitanes de la Ciudad de México.
